Remember! El mosquetero de las letras hispánicas, Arturo Pérez Reverte, elogia un Bloody Mary del bar Noiam, en Santa Eulalia, como uno de los mejores tragos de su vida aventurera. ¡Gracias, maestro de esgrima! Si Aristóteles sostenía que vivir bien es mejor que vivir, extiendo su lógica y afirmo que beber bien es mejor que beber. Y hay que ser generoso con los consejos dipsómanos en medio de la invasión turística. Todos para uno y uno para todos.
El Bloody Mary es una copa formidable y salvadora. Su marea roja se mezcla con el torrente sanguíneo exorcizando las diabólicas telarañas de la tarántula de la resaca. Es el momento de acompañar a Cole Porter cantando: Is it a cocktail this feeling of joy?, haciendo de la frivolidad una luminosa filosofía con la que podía haber soñado Mary Tudor.
Al primer trago la mañana se torna más luminosa, respiramos mejor, nos enamoramos fácilmente, la ternura nos embarga y el valor hincha nuestro corazón. Alcohol es una palabra musulmana que significa ‘Espíritu Sanador’ (¡ah querido Omar Khayam, tu sabías que el Islam debiera beber más vino!), y la marea roja nos cura los pecadillos de las aventuras nocturnas, conectándonos con la armonía cósmica y la sagrada ecuación sánscrita Sat-Cit-Ananda (Ser-Consciencia-Gozo) para irradiar emociones amorosas.
A mí me gusta prepararlo en coctelera o un jarrón Ming. Mezclo en una montaña de hielo a partes iguales vodka y zumo de tomate, echo con alegría tabasco, Perrins, sal de apio, sal normal, pimienta y zumo de limón; agrego un chorrito de Jerez y unas hojas de cilantro fresco y luego agito la coctelera como una rumbosa maraca mientras canto La vie en rose.
La coctelería es una alquimia amorosa que merece mucho respeto. Remember!