La otra noche salíamos de cenar de un restaurante del paseo de ses Fonts de Sant Antoni, justo en la esquina con la calle del famoso grafiti que venía a cambiar el modelo turístico de Sant Antoni de Portmany; y, para sorpresa de nadie, mientras estábamos hablando e inmortalizando la noche, a pocos metros hinchaban y consumían globos de esos de la risa; una escena que se producía delante de niños pequeños, con total normalidad e impunidad.
¿Le parece a usted normal, Sr. alcalde Marcos Serra, este tipo de escenas en una de las zonas más concurridas del pueblo y a una hora en la que está llena de familias con niños?
Porque Sant Antoni es el pueblo donde puedes ver escenas y soportar ruidos que en otros municipios serían impensables y que a mí, si fuera alcalde o concejal de gobierno, me provocarían indignación y vergüenza.
¿Pero saben por qué ocurre esto? Pues porque desde hace cuarenta años gobierna un partido y ha mandado una gente que ha permitido que esto ocurra. Poderoso caballero es don dinero.
Y este verano la situación ha ido a peor, ahora que el propio Marcos Serra actúa como promotor de fiestas, cediendo espacios públicos y municipales, como sa Pedrera y la playa de s’Arenal, para que unos pocos hagan negocio mientras el resto sufre las consecuencias. Y no de forma excepcional, que se puede entender y aceptar. No. A granel. Ya he perdido la cuenta de cuántas van.
Así pues, la semana pasada Marcos Serra permitió una fiesta privada en el espacio público de sa Pedrera cuyos organizadores pagaron al ayuntamiento la friolera de 199 euros. Y por si fuera poco el escándalo y el bochorno, el alcalde permitió que para esa fiesta se construyera un lago artificial con 170 toneladas de agua: 170.000 litros. El señor alcalde cierra las duchas de las playas a los vecinos, pero da barra libre de agua para las excentricidades de cuatro ricos.
Por cierto, entiendo que, a partir de ahora, cualquier ciudadano de Sant Antoni podrá alquilar sa Pedrera por 199 euros para, por ejemplo, celebrar allí su cumpleaños; quizá incluso, por 10 euros más, el propio alcalde te hará de DJ. Aclaración: esto último no está confirmado pero, visto lo visto, es cuestión de tiempo.
Pero el bochorno no acaba ahí: el alcalde también convirtió un momento histórico como el eclipse, que debería haberse podido disfrutar con tranquilidad entre familiares y amigos, en otro fiestón en s’Arenal, con entradas desde 50 euros y unas 10.000 entradas vendidas. Hagan cuentas. Una vez más: dinero para unos pocos, molestias para todos.
Sr. alcalde, no se confunda. En Sant Antoni somos gente trabajadora y también disfrutona, sí. Nos gusta pasarlo bien y disfrutar de nuestro pueblo, con las actividades que se ofrecen, sobre todo, en invierno; algo que, por cierto, aunque con cierto descontrol, sí han hecho bien usted y su equipo de gobierno. Pero no debe confundir eso con convertir el pueblo en una discoteca al aire libre y utilizar el Ayuntamiento y su cargo para ejercer de promotor de fiestas.
Es por eso que este pueblo nunca cambiará mientras siga el PP gobernando, mientras siga esa misma gente mandando. Marcos Serra y su partido son parte del problema: han permitido y consolidado un modelo basado en la fiesta permanente.
Sr. alcalde, deje de actuar cual faraón. No estamos en el antiguo Egipto. El Ayuntamiento debe garantizar el derecho al descanso de los residentes y que su pueblo sea un lugar en el que vecinos y turistas convivan en armonía y tranquilidad.