El tufo electoral ya se huele. Tras ocho años de letargo, la oposición de Sant Antoni ha despertado. Lástima que haya sido para poner el grito en el cielo por cuestiones tan banales como dos fiestas, en lugar de preocuparse de asuntos de mayor enjundia para la calidad de vida de los portmanyins. Se han escrito ríos de tinta por una fiesta de cumpleaños de 350 invitados (en un lugar en el que se hacen eventos con más de 4.000 personas), completamente legal, sin una sola incidencia que ha generado la friolera de cero molestias y que lo único que ha supuesto es el desembolso de decenas de miles de euros para dos asociaciones del municipio (Cáritas y el Motoclub que habitualmente usa la cantera de Can Coix). Ambas entidades han agradecido las donaciones, incluso llamando al resto de empresarios a imitar la generosidad de los organizadores, pero estamos en precampaña y algunos necesitan sobreactuar para captar (e)lectores. Mientras el PSOE y algún otro medio hiperventilan, la realidad es mucho más prosaica. Mienten diciendo que se pagaron 199€ por alquilar la cantera, pues la tasa abonada fue de 362€; uno ya se puede hacer a la idea de lo rigurosos que deben ser con el resto de cuestiones que envuelven esta polémica artificial.
Llevamos casi un mes de titulares y portadas diarias por diez camiones de agua (60m3 según los organizadores) que vendría a ser lo que consume una villa turística en uno o dos días, para poner contexto el «derroche» que tan atareados tiene a oposición y periodistas. Ese agua fue reutilizada, pero es más importante seguir estirando el chicle para subir los clicks de la web y para que alguien recuerde que el PSOE también existe en Sant Antoni. En realidad les encantan este tipo de eventos, sólo que no fueron invitados.