El agosto se lo han jodido a los ceutíes cristianos y musulmanes mientras Repelús Sánchez se bañaba en La Mareta, palacio canario regalado por Hussein de Jordania a su hermano Don Juan Carlos. Como el presi quería continuar sus resilientes vacaciones en Andorra (posiblemente llevando más maletas que Delcy en Barajas, que la nieve da igual) el escándalo se ha desbordado. En su próxima comparecencia ya no dirá que no ha comido o que no ha dormido o que es insomne; ahora será que no le dejan pedalear.
La planificada, anunciada y prevista invasión de Ceuta y su ineficiente y perversa gestión es otro ejemplo más de la putrefacción sanchista. Parece que Ceuta solo ha perdido su «normalidad» cuando sus ciudadanos han decidido salir a la calle a protestar pacíficamente y alguno ha quemado una sombrilla en una playa tomada. Tal vez a eso estaba esperando la calculada inacción del Gobierno, a una chispa violenta (¡cuidado!) para calificar de fascistas, xenófobos, insolidarios, etcétera, a un pueblo ejemplar e histórico, que supo resistir 33 años el asedio de un sultán empecinado; claro que eso era un tiempo en que no había tantas trampas burrocráticas o ministros arrodillados ante un rey moro. Regresamos al «Necesitamos más tensión», que el enjoyado Zapatitos confesó a Gabilondo.
Ante las plagas que asolan España desde que es presidente, lagarto, lagarto, se actúa tarde, ineficazmente, se miente y cambia de opinión constantemente, se pretende erigir un muro entre españoles según piensen y se echa la culpa a la naif oposición. «Si quieren ayuda que la pidan», pero ni así. Todo es falso, solo queda una pose cursi de narciso ensimismado o de chulo de sauna cuyos ojos destilan odio a los que se niegan a dorarle la píldora.