Cuando un Servicio de Urgencias se satura, la imagen que aparece inmediatamente es la de una sala llena de pacientes, profesionales desbordados y largas horas de espera. Y entonces surge la tentación de buscar la solución exclusivamente dentro de las propias Urgencias: más médicos, más enfermeras, más espacios, más medios.
Todo ello puede ser necesario. Pero es insuficiente. Porque las Urgencias no son un ectoplasma que exista al margen del hospital. Son una de las principales puertas de entrada al sistema hospitalario y, precisamente por ello, cuando se produce una saturación en Urgencias, debemos preguntarnos qué está ocurriendo en el conjunto del hospital.
La situación denunciada en las últimas semanas en el Hospital Can Misses obliga a hacer esta reflexión. Se han comunicado esperas superiores a doce horas y una presencia habitual de más de 90 pacientes entre quienes esperan y quienes ya están siendo atendidos. Al mismo tiempo, desde la Administración se sostiene que la actividad asistencial no ha aumentado sustancialmente respecto a otros años.
Puede haber, por tanto, un debate sobre las cifras. Pero hay una cuestión que debería estar fuera de cualquier discusión: cuando un paciente permanece horas en Urgencias, el problema ya no es exclusivamente de Urgencias.
El hospital funciona como un circuito
Un hospital es un sistema de flujos. El paciente entra por Urgencias, por consultas externas, por cirugía programada o por otros dispositivos asistenciales. Puede necesitar una prueba diagnóstica, una valoración por un especialista, un ingreso, una intervención quirúrgica o simplemente un alta y continuidad asistencial fuera del hospital.
Cuando alguno de esos circuitos se bloquea, la presión se transmite al resto.
Por eso, hablar de flujo hospitalario significa analizar qué ocurre desde que el paciente entra en el hospital hasta que recibe una solución y abandona el circuito hospitalario.
Si un paciente de Urgencias necesita ingresar, pero no existe una cama disponible, permanece en Urgencias. Si necesita una valoración especializada y esta se demora, permanece en Urgencias. Si está pendiente de una prueba diagnóstica, permanece en el circuito.
Si un paciente ingresado podría recibir el alta, pero esta se retrasa por problemas de coordinación con otros recursos asistenciales, la cama no se libera. Y cuando las camas no se liberan, el problema termina apareciendo en la puerta de entrada: Urgencias.
Por eso es un error analizar la saturación de Urgencias como si fuera un fenómeno aislado.
El ‘boarding’ no se soluciona solamente poniendo más médicos
Existe un concepto que debería formar parte de cualquier estrategia moderna de gestión hospitalaria: el «boarding», es decir, la permanencia prolongada de pacientes en Urgencias cuando ya han completado el proceso de valoración urgente y están pendientes de una cama, una decisión o un recurso hospitalario.
En esos casos, aumentar exclusivamente la plantilla de Urgencias puede aliviar determinados problemas, pero no resuelve el cuello de botella principal. Es como intentar hacer más grande la puerta de entrada de una autopista cuando el problema está varios kilómetros más adelante.
Por eso, las soluciones tienen que situarse en el conjunto del hospital.
Un responsable del flujo hospitalario
Can Misses necesita una estrategia específica de gestión del flujo de pacientes. No necesariamente significa crear más estructuras burocráticas, sino establecer una responsabilidad clara sobre el circuito asistencial y disponer de información en tiempo real para saber dónde están los cuellos de botella.
¿Cuántas camas están disponibles? ¿Cuántos pacientes de Urgencias están pendientes de ingreso? ¿Cuánto tiempo llevan esperando? ¿Cuántos pacientes ingresados tienen criterios de alta? ¿Cuántas altas están pendientes de realizar? ¿Cuántos pacientes están esperando una prueba diagnóstica? ¿Cuántas interconsultas están pendientes? ¿Cuál es la capacidad disponible de cada servicio?
Estas preguntas deberían formar parte de un cuadro de mando diario del hospital, especialmente durante los periodos de máxima presión asistencial.
Las Urgencias necesitan al hospital detrás
La propuesta que hemos planteado desde el Sindicato Médico para Can Misses parte precisamente de esta visión. No se trata únicamente de reclamar más profesionales para Urgencias.
Entre las medidas planteadas figura reforzar los servicios hospitalarios cuya patología es más prevalente en Urgencias, mediante el consenso con los servicios afectados y dotándolos de los recursos extraordinarios necesarios.
También se propone establecer reuniones periódicas con los jefes de servicio para evaluar el funcionamiento y adoptar medidas de mejora.
Esa es la dirección correcta. Porque sí, Urgencias recibe un paciente que necesita Cardiología, Medicina Interna, Traumatología, Cirugía o cualquier otra especialidad, el hospital debe responder como un conjunto.
No tiene sentido que Urgencias sea considerada «la puerta del hospital» cuando llegan los pacientes y, posteriormente, quede prácticamente sola cuando aparecen las dificultades.
También hay que actuar antes de que el paciente llegue al hospital
La gestión del flujo hospitalario empieza incluso antes de la puerta de Urgencias.
Por eso tiene sentido plantear la creación de un SUAP de 24 horas, como recoge nuestra propuesta, para atender aquellas patologías urgentes que pueden resolverse adecuadamente en Atención Primaria y reducir derivaciones hospitalarias innecesarias.
También tiene sentido establecer mecanismos de colaboración con el sector sanitario privado para determinadas derivaciones de pacientes extranjeros, liberando capacidad del sistema público cuando sea clínicamente adecuado.
No se trata de enfrentar la sanidad pública y privada. Se trata de utilizar inteligentemente todos los recursos disponibles cuando la presión asistencial lo exige.
Y después de Urgencias también hay que mirar
El flujo tampoco termina cuando el paciente abandona Urgencias.
Un hospital eficiente necesita que exista una adecuada coordinación con Atención Primaria, con los servicios sociosanitarios y con los recursos de media y larga estancia.
El paciente que médicamente ya no necesita estar ingresado, pero que permanece ocupando una cama porque no existe una alternativa asistencial adecuada, también está bloqueando el flujo hospitalario.
Por eso, la gestión de Urgencias no puede separarse de la gestión de las camas, de las altas, de los servicios diagnósticos, de las consultas interhospitalarias y de la continuidad asistencial.
No se trata de buscar culpables, sino de encontrar cuellos de botella
La discusión sobre Can Misses no debería convertirse en una competición entre administraciones, sindicatos o profesionales para determinar quién tiene la culpa.
La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿Dónde está el cuello de botella y qué podemos hacer para eliminarlo?
Puede existir un déficit de profesionales en Urgencias. Puede existir un problema de organización. Puede haber una presión estacional extraordinaria. Puede haber dificultades para disponer de camas. Puede haber problemas en las altas. Puede existir una combinación de todos estos factores.
Precisamente por eso hay que analizar el flujo completo. Y hacerlo con datos.
Urgencias es muchas veces el termómetro que detecta que el hospital está teniendo problemas de flujo. Pero el termómetro no es necesariamente la enfermedad.
Cuando un termómetro marca cuarenta grados, romperlo no elimina la fiebre. Del mismo modo, cuando Urgencias se encuentra saturada, no podemos limitarnos a intentar ocultar el problema dentro de sus paredes. Hay que mirar qué está sucediendo en todo el hospital.
Por eso, las propuestas para Can Misses deben combinar el refuerzo específico de Urgencias —incluido su reconocimiento como servicio de muy difícil cobertura— con medidas de organización hospitalaria, coordinación entre servicios, gestión de camas, agilización de altas, refuerzo de las especialidades que reciben mayor demanda desde Urgencias y una mejor utilización de los recursos extrahospitalarios.
La solución no pasa por convertir Urgencias en una isla dentro del hospital. La solución pasa por conseguir que todo el hospital funcione como un único sistema de respuesta.
Y esa debería ser la verdadera conversación que Can Misses necesita ahora.
SIMEBAL quiere agradecer al colectivo médico y a todos profesionales de la sanidad pública de Ibiza el compromiso que en esta situación de sobrecarga sigue manteniendo con los pacientes.
En derrota transitoria pero nunca en doma.