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Cleopatra

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Alejandría, siglo I antes de Cristo. La ambiciosa reina Cleopatra VII, última del Reino Ptolemaico, pretende mantener la soberanía y la grandeza de Egipto enfrentándose al poder de Roma. Su inteligencia, ambición y habilidades políticas, junto a su vasta formación, la convierten en una gobernante estratega y manipuladora no exenta de una inusual sensualidad, belleza y encanto. Su amor y alianza primero con Julio Cesar, y con Marco Antonio después, fueron el pragmatismo de una inigualable capacidad diplomática que le permitió mantener su estatus y disfrutar del apoyo militar necesario para proteger su territorio. Sin embargo, fue su enfrentamiento con Octavio, tras la derrota de Marco Antonio en la batalla de Accio, lo que provocó la muerte de la reina, el final de su dinastía y la anexión de Egipto como provincia romana. Su largo reinado y su peculiar figura, objeto de debate y mitificación hasta la actualidad, la convirtieron en la mujer más influyente y poderosa de su tiempo. Cleopatra murió, y con ella Egipto, una civilización que perduró con esplendor 2500 años.

Su relevante historia ha sido llevada a la gran pantalla en diversas ocasiones a lo largo del siglo pasado. En su piel se han metido actrices de la talla de Theda Baras, Sofía Loren, Vivien Leigh, Claudette Colbert, Hildegard Neil o Leonor Varela. Pero la que todos recordamos nítidamente es la Cleopatra de 1963, superproducción de la 20th Century Fox dirigida por Mankiewicz y protagonizada por Elizabeth Taylor, Ricard Burton y Rex Harrison, una clásica película hollywoodiense, basada en La vida y época de Cleopatra de Carlo María Franzero, en el Cesar y Cleopatra de George Bernard Shaw, en la tragedia de Antonio y Cleopatra de Shakespeare y en las obras de Plutarco, Suetonio y Apiano, que retrata mediante colosales escenografías el ascenso y la caída de la reina egipcia hasta su suicidio con la mordedura de un áspid. La cinta se centra en la relación personal e íntima de estos tres personajes ambiciosos y poderosos a través de un metraje repleto de romanticismo, pero también de sentido de Estado, en un contexto de choque cultural entre civilizaciones en el que prima el lujo y la ostentación.

Pero por lo que pasará a la historia esta producción de culto es por haber sido una obra mastodóntica que casi se lleva por delante a su productora. El film, que contaba con un presupuesto inicial de 2 millones de dólares, acabó suponiendo un dispendio de 44, de los que tan solo recuperaron 24 en taquilla. El accidentado rodaje, llevado a cabo en Londres, Roma y Almería y que contó con dos directores distintos, se prolongó durante casi tres años en los que la Taylor llegó a embolsarse cerca de 7 millones de dólares de la época, además de protagonizar un sonado escándalo amoroso con el adúltero Burton. La película, nominada a 9 premios Oscar de los que consiguió 4, supuso el final del género de épica histórica grandilocuente que integran producciones como el Ben-Hur de Charlton Heston, el Espartaco de Kirk Douglas o el Lawrence de Arabia de Peter O’Toole y que tan solo fue recuperado 40 años más tarde por Gladiator. Para los anales quedará la escena que representa la fastuosa entrada triunfal de Cleopatra en Roma atravesando el arco de Constantino con un suntuoso desfile lleno de elefantes, trompetistas, bailarinas, guerreros, enanos, magos, ninfas, caballos, una esfinge tirada por decenas de esclavos y hasta una pirámide de la que emanan cientos de palomas.

Para sorpresa de todos, una reedición de esta icónica escena se produjo el pasado 13 de agosto en las instalaciones municipales de Sa Pedrera en San Antonio a cambio del pago de una desorbitada tasa municipal de pocos euros. Allí tuvo lugar una típica macro fiesta pija, privada y faraónica organizada por la agencia neoyorkina Van Wyck, como las organizadas en otros lugares públicos, que ha derivado en una nueva ardua polémica política, vecinal y medioambiental. Ya ven que, como decía Cleopatra, «La sabiduría no se adquiere con el paso de los años, sino con la capacidad de aprender de cada experiencia». Pues va a ser que en Ibiza no.

Organizada para 350 exclusivos invitados contó con una espectacular escenografía egipcia digna de una superproducción de Hollywood que incluía bailarines, templos, esfinges, obeliscos y potentes equipos de iluminación, sonido y video, todo ello con un montaje que se extendió durante tres semanas provocando molestias e inconvenientes para los vecinos, además de un grave peligro para la zona contigua catalogada como de alto riesgo de incendio. Pero lo más grave fue la construcción de un indignante Nilo artificial y meramente ornamental de 850 metros cuadrados de superficie en que se vertió la considerable cantidad de entre 60 y 170 toneladas de agua en plena situación de prealerta por sequía por un recurso verdaderamente escaso. Y eso

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