Ibiza es una isla de cinco estrellas. Cinco estrellas en sus hoteles, en sus restaurantes, en sus playas y, desde hace años, también en la capacidad que tenemos para atraer visitantes de todo el mundo. Somos un destino reconocido internacionalmente y una de las grandes referencias turísticas del Mediterráneo. Pero hay algo que todavía no termina de estar a la altura de esa Ibiza de cinco estrellas: sus carreteras.
No hace falta recorrer demasiados kilómetros para darse cuenta. En verano, desplazarse por la isla puede convertirse en toda una aventura. Retenciones, carreteras saturadas, obras, accesos complicados y trayectos que requieren cada vez más paciencia. Y no es solo una cuestión de comodidad. Para quienes vivimos aquí, el tráfico forma parte de nuestro día a día durante buena parte del año.
Es verdad que Ibiza soporta una presión turística enorme durante los meses de verano. Millones de desplazamientos, miles de vehículos y una actividad que multiplica la población de la isla en cuestión de semanas. Mantener las carreteras en buenas condiciones y adaptarlas a esta realidad no parece, por tanto, una cuestión menor.
Y tampoco se trata de pedir autopistas de seis carriles ni de convertir Ibiza en una gran ciudad. Precisamente porque queremos conservar el carácter de la isla, necesitamos encontrar un equilibrio entre el crecimiento turístico y unas infraestructuras que permitan vivir y desplazarse con cierta normalidad.
Porque resulta curioso que hablemos constantemente de turismo de calidad, de lujo y de excelencia, mientras que muchas veces llegar hasta esos hoteles, restaurantes o calas puede convertirse en una prueba de paciencia.
Quizá el problema sea que nos hemos acostumbrado a que esto es lo normal. A calcular cuánto tardaremos en llegar antes de salir de casa, a consultar Google Maps aunque conozcamos perfectamente el camino o a pensar dos veces si merece la pena coger el coche.
Ibiza tiene muchas cosas que mejorar, pero también tiene algo que funciona: sigue siendo un lugar que millones de personas quieren visitar y en el que miles queremos vivir. Precisamente por eso debemos cuidar también aquello que hace posible nuestro día a día.
Podemos seguir siendo una isla de cinco estrellas. De hecho, debemos aspirar a serlo. Pero quizás estaría bien que, además de los hoteles y los restaurantes, nuestras carreteras empezaran a acercarse un poco más a esa categoría. Quizás el verdadero lujo sea simplemente llegar a casa sin romper el coche.