Los asentamientos ilegales en Ibiza van camino de convertirse en un problema endémico. Se resuelve uno y aparece otro de forma casi inmediata. Da la sensación de que es inevitable y, sobre todo, parece que desde las administraciones se hace entre poco y nada para acabar con el problema.
Días después del desalojo de Sa Joveria, comenzó a ser habitual en las calles Pere Francés y Mallorca el trasiego de jóvenes de origen magrebí con un destino claro: ses Feixes. Entraban por la noche y salían por la mañana. El grupo era cada vez más numeroso. Algunos vecinos dieron aviso al Ayuntamiento de lo que estaba sucediendo. La pasividad total fue la respuesta. Se anunciaron, eso sí, recuentos de personas, fotografías desde el aire con el nuevo dron de la Policía Local, más censos de residentes, más fotos… Ante el cada vez más evidente crecimiento de residentes en el campamento se recurrió a la comisión de seguimiento de los asentamientos, a los protocolos, a los propietarios de los terrenos, a los viajes del dron, a lo difícil que es todo…
Palabras vacías de contenido porque no se acompañan de hechos. Basta un paseo por el camí de Can Murtera para notar la gravedad de la situación. Pero es que basta el mismo paseo para preguntarse cómo es posible que un camino remodelado hace tan solo cuatro años sea hoy un lugar lleno de maleza y basura a partes iguales. Uno de los portales de feixa está completamente oculto entre las cañas. El otro, paradójicamente, sirve de entrada para acceder a la zona más poblada del asentamiento. El canal por el que debía discurrir el agua se ha convertido en una gigantesca maceta en la que crecen las plantas abonadas por kilos y kilos de mierda.
Desalojar ses Feixes puede que no sea fácil. Pero ya se ha hecho lo difícil: permitir que el asentamiento se instale alegremente en un lugar que previamente ya parecía haber sido destruido. Eso no hay reel que lo soporte.