Cada vez está más claro que desde las instituciones de nuestra administración pública y desde las principales cadenas y empresas hoteleras o dedicadas al negocio turístico en nuestra isla de Eivissa, se ha decidido apostar tanto el presente como el futuro de nuestra principal fuente de ingresos, al sector del lujo. Pero si analizamos con detenimiento esa apuesta, no parece que esté muy claro si el camino emprendido para llegar a ser ese deseado destino de absoluto lujo, es realmente el correcto.
Como ya dije en un artículo anterior, parece que es imparable la constante transformación de los hoteles de la isla en establecimientos de cinco estrellas o más; lo mismo ocurre con el sector de la restauración con una autentica avalancha de cocineros de renombre mundial y con sus correspondientes estrellas Michelin, que han abierto sus carísimos locales en la isla; siendo esos solo dos detalles de ese camino emprendido y que se pretende que conduzca a la consolidación de ese lujoso destino tan deseado.
Ese es el modelo en el que parece ser que se trabaja prioritariamente y por tanto la imagen que se quiere transmitir a los diversos países de origen de los miles y miles de turistas que nos visitan cada temporada de verano. Ahora bien, una cosa es lo que se pretende promocionar y vender y otra muy distinta es cómo se está ejecutando en realidad dicha transformación. Sin duda alguna, nuestra propia isla es el principal motivo por el que cada año llegan a la misma tantos y tantos turistas que nos visitan y, es sobre este territorio tan atractivo y especial sobre el que están instaladas tantas y tantas infraestructuras de lujo dedicadas al turismo y, es claramente un maravilloso marco para todos esos establecimientos.
Ahora bien y contrariamente a lo que se pretende transmitir, la isla también está mostrando otra imagen que es todo lo contrario a ese ansiado destino de lujo y que transmite una imagen poco atractiva y deseable. Uno de los elementos que forman parte de nuestro preciado territorio, es todo el litoral de nuestras costas, con maravillosas playas, calas, acantilados y un mar Mediterráneo que contiene un manto de posidonia realmente único. Ese mar y ese litoral son el verdadero tesoro que nos hace especiales. Pero esas costas, están viéndose sometidas a un castigo constante y cada año creciente de vertidos indeseables que marchitan ese esplendor del que hablaba. Este verano, desgraciadamente, son numerosos los puntos en los que se han detectado todo tipo de vertidos ilegales que acaban en el mar. Puntos como Caló des Moro, la Bahía de Portmany, Cala de Bou, Platges de Comte, Figueretes o es Codolar, son lugares donde este verano se han detectado vertidos ilegales de diversos tipos y, no parece que esa sea la imagen de preservación de nuestro entorno que deba ofrecer un destino de lujo.
Posiblemente uno de esos casos más sonado tiene como protagonista a la que es la principal puerta de entrada y salida de la gran mayoría de nuestros visitantes, el aeropuerto. En reiteradas ocasiones se ha denunciado el vertido provocado por dicha instalación al Torrent de sa Font que desemboca en la zona de es Codolar. De los vertidos a este torrente, se han realizado diversos muestreos que han arrojado un resultado de un grado de contaminación fecal 12 veces superior al permitido. Por parte de Aena niegan la mayor y mantienen que todas sus aguas residuales pasan por su planta depuradora y se acaban utilizando para el riego en sus propios terrenos, cosa para la que, a la vista de los muestreos realizados, tampoco debería utilizarse.
Pero es que como se suele decir, se coge antes a un mentiroso que a un cojo; ya que últimamente han aparecido publicadas diversas denuncias de trabajadores y pasajeros que utilizan a diario las instalaciones aeroportuarias, sobre el pésimo estado en el que se encuentran los baños de dicha infraestructura. Buena parte de ellos permanecen este verano cerrados o en su mayor parte inutilizables y con restos de todo tipo esparcidos o sin papel higiénico. Nuevamente las explicaciones que ofrece Aena resultan muy difíciles de creer y afirman que el pésimo estado de sus baños, se debe básicamente al elevado tráfico del verano, que ha provocado lo que para ellos son incidencias puntuales.
Lo cierto es que según confirman los propios trabajadores, tales argumento son falsos y la realidad es que la depuradora que hay es insuficiente para tratar todo lo que le llega y es cuando se producen los vertidos. La gran solución, parece que pasa por mantener cerrados buena parte de los baños para que así llegue una menor cantidad de aguas residuales a dicha depuradora. Lo cierto es que los vertidos se producen y restos fecales llegan al mar en la zona de es Codolar. Y esta es la penosa imagen que ofrece nuestro aeropuerto insular a todos los turistas que llegan y que residirán y utilizarán las diversas instalaciones de lujo de la isla. Evidentemente la carta de presentación resulta patética.
Por desgracia esta es la realidad, establecimientos de lujo de todo tipo, rodeados de un litoral con demasiados puntos con vertidos ilegales. Ese no parece el camino correcto.