Desde el verano de 2022, y sucesivamente cada año durante esta calurosa época estival, tanto Antena 3 como La Sexta vienen utilizando uno de esos spots publicitarios que en el mundillo especializado se denominan ráfagas de continuidad, pero que coloquialmente se conocen como cortinillas. Se trata de una grabación de pocos segundos que cuenta con una melodía pegadiza y que se inserta para separar bloques o secciones de la programación con la advertencia de que la emisión se reanudará tras un determinado lapso de tiempo. Vamos, un aviso de cuanto dispones para ir al baño, fumar o bajar la basura antes de que, tras la pausa publicitaria, se reanude lo interesante. Así, bajo el título de Achicharraíto y sirviéndose de una peculiar sintonía de corte flamenco urbano al más puro estilo de la Rosalía, trá, trá, se muestran de forma elocuente los efectos del calor extremo que soportan toda una serie de personajes mientras intentan apaciguarlos sirviéndose de diversos artilugios de lo más ocurrentes, pero que resultan irremediablemente insuficientes.
El fenómeno se convirtió rápidamente en viral gracias a que la audiencia, a través de las redes sociales, comenzó a debatir sobre qué palabra entonaba la voz en off de esta breve pieza musical tras el achicharraíto que proclamaban sus protagonistas. Su inesperada popularidad propició que las cadenas vieran en él un filón y le atribuyeran la condición de seña de identidad veraniega estirando su éxito a través de nuevas actualizaciones anuales que incluso han sido versionadas por artistas de lo más variopinto. Este año, por ejemplo, se ha introducido un nuevo formato en la campaña de este tradicional y clásico spot veraniego, como parte de la estrategia de Atresmedia tendente a fortalecer el posicionamiento de los anunciantes y a generar nuevas vías de conexión con la audiencia, insertando publicidad de la marca comercial de agua mineral embotellada Bezoya, sin rima por favor, mostrándose en su final a una señora que para paliar de forma eficaz el insoportable calor, a diferencia de sus acalorados e inoperantes compañeros, se pega un buen trago de agua a morro de una de esas botellas.
Pues bien, ya saben que recientemente se ha dado el pistoletazo de salida a un nuevo curso escolar en los centros pitiusos y que otro año más se carece de sistemas de climatización en gran parte de ellos. Alucina vecina. Ni más ni menos que faltan estos medios en 20 centros de un territorio en el que durante las primeras y últimas semanas de curso pueden alcanzarse fácilmente los 30 grados. No solo carecen de aparatos adecuados de aire acondicionado, de aerotermia o de lo que sea que refresque el ambiente, sino que ni tan siquiera se ha renovado el aislamiento de los edificios, lo que aboca a tener que recurrir a ventiladores o a mecanismos tan económicos, ecológicos y rudimentarios como los abanicos de cartulina de fabricación artesanal que, de paso, deberían puntuar en la asignatura de plástica o, más finamente dicho, de pretecnología.
Se afirma desde las altas instancias competentes que «se está trabajando en ello» y que «no puede hacerse todo de golpe», siendo preceptivo realizar todavía los informes y demás estudios pertinentes. Y digo yo que, igual que para ponerse a asfaltar las calles aledañas a un colegio justo cuando se inician las clases, tiempo habrán tenido para ello, ¿no? Porque este problema es sorprendentemente grave, pero nada nuevo. ¿Cuánto tiempo se necesita para solucionar algo tan básico y esencial? Porque fijo que en la Consejería de turno hace falta una chaquetilla recia, como dice mi tía Azucena, para soportar el biruji que hace. Eso sí, mientras tanto los alumnos de todas las edades deben estudiar las materias troncales junto a la novedosa optativa de supervivencia.
Parece que lo realmente preocupante es exclusivamente la insuficiencia de profesores de catalán, la ausencia de cobertura de plazas de profesorado o la obtención de un complemento retributivo para los mismos, pero no la salud, la capacitación y el bienestar de los alumnos y de la comunidad educativa en general en un lugar que se caracteriza por las altas temperaturas que soporta. Ya ven, cosas del cambio climático. Porque en un país en el que se destinan ingentes cantidades de recursos públicos a cuestiones relativas a menores extranjeros no acompañados o en unas islas que se caracterizan por el glamour, el lujo, el despilfarro y el postureo máximo, no puede concebirse como puede carecerse de sistemas de climatización en los centros escolares, mucho más cuando recientemente se anunció a bombo y platillo una inversión en infraestructuras, equipamientos, ampliaciones y reformas para modernizar los colegios y mejorar las condiciones de aprendizaje cercana a los 22 millones de euros de los que, al parecer, no se destinará ni un solo céntimo a refrigerarlos.
Pero vaya, que tampoco es que debiera sorprendernos tanto esta falta de previsión cuando se acaba de construir e inaugurar el estadio de fútbol municipal de Es Punxet, con una inversión que ronda los 4 millones de euros, donde entrenan bajo un sol abrasador todas las categorías inferiores de cinco añitos en adelante de la Sociedad Deportiva Ibiza, desde el pasado 2 de septiembre, sin contar con un solo centímetro cuadrado de sombra en todo su perímetro. Los sufridos padres solo pueden optar por broncearse a lo camionero o cubrirse con gorras y sombrillas. Los ideólogos de la obra debieron pensar que así, como cantaban Luis Miguel o Los Panchos, versionando la famosa canción de Los Hermanos Rigual con aquel «cuando calienta el sol aquí en la playa siento tu cuerpo vibrar cerca de mí», la afición futbolera local sería más apasionada y entregada a sus colores. Ni una triste máquina de vending para comprar agua hay en toda esta moderna y novísima instalación municipal deportiva inaugurada a todo trapo. Al menos de estacionamiento de vehículos van sobrados. Eso sí, cuidado cuando se monten en ellos, porque estarán, como los alumnos de los centros educativos, ¡achicharraítos!