El PSOE de Ibiza ha decidido ponerse en marcha hacia las elecciones de mayo de 2027 y ya conocemos a buena parte de sus candidatos. Àlex Pitaluga quiere presidir el Consell d'Eivissa; Elena López aspira a la alcaldía de Vila; Víctor Torres se enfrentará a Carmen Ferrer en Santa Eulària y Vicent Roselló intentará conquistar Sant Josep.
Resulta saludable que los partidos enseñen pronto sus cartas. Lo anómalo es que Vicent Roselló, secretario general de los socialistas ibicencos, diga que existe «un clamor unánime» entre los ciudadanos de Ibiza reclamando un cambio político.
¿Un clamor unánime? El radar del candidato socialista necesita urgentemente pasar por el taller. Y, ya que estamos, tampoco vendría mal abrir el diccionario. Porque unánime, según la RAE, significa todos. «Dicho de dos o más personas: Que tienen un mismo parecer, dictamen, voluntad o sentimiento». No muchos, ni bastantes. Unánime son todos, sin excepción. Si hay uno que no pide cambio político, el clamor ya no es unánime. Tiene su gracia que sea precisamente el jefe de la inspección educativa de Ibiza quien desconozca el significado de la palabra «unánime».
Resulta que la última vez que los ibicencos pudieron manifestar su opinión ocurrió en mayo de 2023. Entonces sí hubo algo bastante parecido a un clamor: mandar al PSOE a la oposición. Los socialistas fueron desalojados de todo el poder institucional que tenían en Baleares y también en las Pitiusas. El PP logró mayoría absoluta en el Consell, Vila, Sant Joan, Santa Eulària y Sant Antoni, y únicamente en Sant Josep se quedó a las puertas de la absoluta.
Puede que desde entonces haya cambiado el viento. Puede que haya desgaste de los gobiernos del PP, votantes decepcionados y ciudadanos deseando otra cosa. Para eso sirven las elecciones. Pero proclamar un «clamor unánime» cuando gobierna con holgura tu adversario tiene mucho de proclama desiderativa antes que diagnóstico real. Y cuidado, porque las encuestas no parecen detectar precisamente una marea socialista. Más bien señalan problemas para una marca PSOE lastrada por la corrupción galopante, por Pedro Sánchez y por episodios como la desastrosa gestión política de la crisis de Ceuta, entre otras cuestiones.
Aunque todavía resulta más entretenida la fotografía elegida para escenificar la renovación socialista. Ahí aparecen los candidatos sonrientes, abrazados y felices. Tres señores y una mujer. Elena López, oportunamente vestida de rojo, ejerce casi de rosa socialista humana entre los daddys del partido. Mucho feminismo, mucha igualdad, mucha paridad, mucho empoderamiento y, cuando llega el momento de repartir candidaturas, casualmente siempre aparece algún compañero dispuesto a sacrificarse y ponerse al frente.
Especialmente curioso resulta Sant Josep. Allí el PSOE tiene una secretaria general, Pilar Ribas, que además es portavoz municipal. Pero para disputar la alcaldía a Vicent Roig el partido opta por Vicent Roselló. ¿Por qué no Pilar?
La pregunta es pertinente precisamente porque hablamos del PSOE. Si otro partido colocara a tres hombres en cuatro candidaturas posibles, probablemente algún socialista descubriría inmediatamente un problema atribuible al patriarcado. Cuando lo hacen ellos, sin embargo, se trata de meritocracia progresista.
Las mujeres socialistas ibicencas deberían dar un golpe en la mesa y comportarse con algo más de dignidad, porque es muy lamentable y triste que cuando llega la hora de disputar el poder, siempre se aparten obedientemente para dejar pasar a los compañeros.
Así arranca el PSOE de Ibiza su carrera hacia 2027: con un «clamor unánime» que solo ellos parecen escuchar, tres daddys encabezando candidaturas y una mujer poniendo la nota de «frescura» a la fotografía. Y con esa capacidad para confundir deseos con realidad y discurso feminista con reparto efectivo del poder, los socialistas avanzan con determinación. Hacia otra debacle electoral, diría yo.