Recuerdo hace 20 años, o quizá alguno más, cuando empecé a hacer prácticas de verano en Ibiza en un medio de comunicación mientras estudiaba Periodismo que tenía que coger dos autobuses para llegar al periódico. Tenía que coger el bus de es Canar a Santa Eulària, bajarme en Santa Eulària y esperar pacientemente para subir al que me llevara a la ciudad de Ibiza. Todo ello haciéndolo cuadrar con los escasos horarios que había entonces para llegar a tiempo cada día y, aún así, a veces no había manera y llegaba tarde. Recuerdo que, como mínimo y siendo optimista, tardaba una hora y pico en llegar desde es Canar a Vila. A la vuelta, más de lo mismo y encima de noche. Moverse en Ibiza sin coche particular y dependiendo de los buses ha sido, tradicionalmente, una auténtica pesadilla, por eso gente de mi generación y más mayores hemos optado directamente por sacarnos el carné y depender del coche particular.
Pero esa percepción considero que está cambiando. El pasado 1 de abril entró en vigor la nueva contrata de bus en Ibiza. Al principio, todo eran quejas por lo caótico de la redistribución de líneas y horarios que no se cumplían, pero con el paso de los meses el servicio se ha normalizado. Hasta este pasado fin de semana no había tenido la oportunidad de ir en bus y he de decir que me quedé gratamente sorprendida por el cumplimiento del horario, la limpieza del bus en cuestión y con el hecho de que tuvieran enchufes y entrada USB para los móviles, todo un avance para el «tercermundismo» de buses al que estábamos acostumbrados aquí en Ibiza con asientos que hasta estaban rajados y con la espuma saliendo.
Lo comenté con algunos de mis amigos, todos con coche, y coincidieron en lo mismo: hay muchas veces que ahora es mejor pillar el bus para llegar a según qué pueblo, playa o evento o fiesta y evitar, por ejemplo, el follón de buscar aparcamiento con el consiguiente gasto de gasolina y más aún con los precios del combustible que hay ahora.