Esta vez el retiro de Repelús Sánchez fue de un fin de semana en lugar de cinco días amorosos. Analistas políticos y casas de apuestas se mostraban tan divididos sobre su dimisión o anuncio electoral que cualquier vaticinio era como la bola en la ruleta al rojo o negro. Rien ne va plus! Al resiliente ególatra le gusta dilatar la tensión, pero ya tenemos jubilosas erecciones generales ¡Aleluya!
Impresiona que haya aguantado hasta aquí, cosas del fabuloso encamamiento político en Celtiberia show. Cercado por la corrupción hasta el punto de asomar la pezuña dentro de la celda, lastrado por su ineficiencia personal, también de sus ministros lacayos y miles de asesores, para hacer frente a las numerosas crisis que se han producido bajo su mandato lagarto, lagarto sin presupuestos pero con máximos impuestos.
Es una vedette tan marxista a conveniencia (ahora toca Karl) que Groucho (el Marx bueno) lo definió: «Un político es alguien que busca problemas, los encuentra, emite un diagnóstico falso y aplica la solución equivocada».
Ha mentido a todos todo el tiempo y hecho lo contrario de lo que prometía, pero su mirada destila el odio del trilero al que ya no compran (y además vigilan) sus trampas. Pero todavía va de iluminado, de gurú de secta, cual chulo de sauna sádica que azota a diestra y siniestra fuera o dentro del vaporoso muro cainita que ha fomentado.
A la crisis de vivienda (agravada bajo su mandato) no la ha hecho caso alguno hasta hace unos días, pero hoy –hipócrita colosal para quien la traición es simple cuestión de fechas o cambio de opinión—, pretende hacerla su causa estridente, como el indignado revolucionario que acude a la asamblea populista en Peugeot mientras guarda un Lamborguini diablo en su garaje.