La prudencia, según el Diccionario de la Lengua Española de la RAE, es templanza, cautela y moderación. En su segunda acepción, significa sensatez y buen juicio. Y, en la tercera, la RAE recuerda que «en el cristianismo, es una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello».
En el particular diccionario del alcalde de Ibiza, Rafa Triguero, la prudencia significa que los periodistas informen lo menos posible de escándalos como el de la detención del marido de la concejal Ana Ferrer. Prudencia nos pidió a los medios el primer edil el pasado lunes tras intentar ablandarnos refiriéndose a Ferrer como una madre de dos niños que, además, «no ho estan passant mica bé».
En mi opinión, prudencia es lo que no hubo cuando en septiembre de 2024 Ferrer abandonó su cargo como responsable municipal de Deportes apelando a «motivos familiares» y, en lugar de devolver el acta de edil, se quedó para calentar la silla en el Salón de Plenos de Can Botino durante cuatro o cinco horas un jueves al mes a cambio de una remuneración de más de 17.000 euros anuales. En esa decisión faltaron «sensatez y buen juicio», además de «moderación».
La prudencia tampoco parece haber sido el lema del alcalde si, ateniéndonos a lo que él mismo explicó este lunes, conocía desde principios de la semana anterior la detención del marido de Ferrer. A pesar de ello, el Consistorio no se pronunció sobre su dimisión en aquel momento. Y eso que el propio Triguero aseguró que la salida de Ferrer había sido acordada en cuanto ella le informó de la situación. Sorprendentemente, fue el PP de Vila el que lo anunció vía comunicado el domingo por la tarde, cuando el escándalo ya había saltado a los medios.
La prudencia no pasa nunca por intentar que los medios cuenten menos. Pasa básicamente por actuar con sensatez para que los medios tengan menos que contar.