Con el Rey ha marchado toda España a confortar a Ceuta, para afirmar la soberanía sobre una tierra invadida y siempre amenazada, para decir que de olvidarse, nada. Y la visita ha sido apoteósica, con el pueblo ceutí tan emocionado como Sus Majestades porque la visita era largamente esperada, simbolizando el abrazo de toda España.
¡Ah, los símbolos! Son inmensamente importantes pese a tanto relativista descreído que cambia de opinión a conveniencia. El Rey representa la unión en el lecho de los pueblos de España y quería, como le comunicó al bravo Vivas, ir a Ceuta al día siguiente de la invasión. Pero el celoso narciso monclovita no le dejaba, como tampoco protegía a los ceutíes. Cosas de la «inseguridad subjetiva» o de no enfadar al rey moro. O tal vez porque en Paiporta Don Felipe dio la cara mientras Sánchez huía. Tremendos retratos de valor y espantada que sí han quedado para la Historia. Como sabía Don Quijote: Un caballero está obligado a luchar, no a vencer. Nobleza obliga.
La Corona es la mejor embajada de España allá donde va, también dentro de nuestras fronteras. Y eso es algo muy efectivo. Los políticos generalmente son cada vez más sectarios, visten y hablan peor, son mediocres estadistas que piensan a corto plazo y demasiadas veces se sirven antes que servir. Desde un punto de vista tan pragmático como estético, la Monarquía es absolutamente positiva. Mucho más que cualquier carísimo presidente de una república, que ya solo sus posibles candidatos dan escalofríos.
Con la triste y transitoria secta política que predica el todo para el pueblo pero sin el pueblo (¡y encima sin modales versallescos!), resulta fundamental mantener una monarquía parlamentaria. Y la visita a Ceuta demuestra que Reyes y pueblo están realmente unidos.