20 años parece la cifra mágica para hacer cualquier cosa en estas islas. Por ejemplo, la depuradora. Dos décadas para construir una infraestructura que, cuando se proyectó, ya era más que necesaria. Pero eso, en lugar de servir para agilizar la ejecución, fue un titular y ya.
20 años llevan los pisos públicos de ca n’Escandell pululando en forma de noticia y photocall. Sí, ahora la cosa empieza a moverse y ya hay hasta calles (sin asfaltar aún) en la zona. Pero han sido 20 años de idas y venidas. Y lo que te rondaré.
No sé qué habrán hecho ustedes en 20 años. En mi caso, ahora que lo pienso, he hecho muchísimas cosas. Por ejemplo, tener una hija (al mayor lo tuve antes). En ese mismo tiempo, me separé, me arrejunté, me fui de Ibiza, me hice anticuaria, intenté aprender a jugar a golf, me instalé en Barcelona ciudad, me mudé a Tiana, me fui a Badalona, volví a Tiana, me volví a separar, volví a Ibiza, recuperé el periodismo (para desgracia de algunos y alegría de otros), fui a terapia varias veces, me enamoré, me desenamoré, me volví a enamorar, me cansé, flipé con las Azores, puse en marcha varias tiendas online con éxito desigual, hice nuevos amigos, aprendí a gestionar mi ansiedad…
Mientras tanto, en Ibiza, en el mismo periodo se levantó una depuradora. Se proyectaron pisos en ca n’Escandell. Y supongo que alguien en el Consell fue pasando un folio al día para preparar el reglamento contra la contaminación lumínica que acaban de presentar. Oigan, que esto sale de una ley de 2005. Hay que tener mucha serenidad para presentarlo como algo «no solo actual sino también de futuro».
A mí no me entra en la cabeza que las personas en dos décadas evolucionemos como lo hacemos y la Administración, en el mismo tiempo, vaya a paso de tortuga prehistórica con artritis. Así no van a resolver nunca problemas como el de la vivienda. Es literalmente imposible.