Las elecciones generales del próximo 29 de noviembre se presentan en Baleares con un panorama marcado por las coaliciones de última hora y la lucha por cada uno de los ocho diputados en disputa. Los sondeos dibujan escenarios diferentes, aunque todo apunta a un cambio en la correlación de fuerzas que favorecería a la derecha.
En 2023, cada bloque consiguió cuatro diputados: tres del PP, tres del PSOE, uno de Vox y otro de Sumar-Més. Ahora, las encuestas más recientes contemplan tres escaños para el PP, dos para el PSOE, otros dos para Vox y uno para Més-Frente Amplio. La derecha sumaría cinco representantes en el Congreso y la izquierda sólo tres. Se trata de estudios demoscópicos que indican tendencias, naturalmente, pero suficientes para comprender el nerviosismo y las maniobras electorales de los partidos progresistas.
La primera damnificada sería la socialista ibicenca Milena Herrera, número tres de la candidatura del PSIB-PSOE. Si los socialistas pierden un diputado, únicamente Francina Armengol y el menorquín Marc Pons obtendrían representación. Herrera se quedaría fuera del Congreso.
El PSOE asume que sus propias siglas pueden resultar insuficientes para conservar buena parte de su representación parlamentaria. De ahí su empeño en sumar fuerzas con otras organizaciones, especialmente en el Senado, donde el PP logró mayoría absoluta en 2023. Lo que los socialistas presentan como una apuesta por la unidad progresista, puede interpretarse como una operación de supervivencia electoral. Después de años gobernando España, necesitan apoyarse en otras marcas para intentar contener el retroceso.
En Mallorca, la apuesta pasa por Catalina Cladera, expresidenta del Consell, candidata al Senado en una alianza con otras fuerzas de izquierdas. En Ibiza, Juanjo Ferrer repetirá al frente de Eivissa al Senat, con el respaldo del PSOE, Esquerra Unida, Sumar y Ara Eivissa, además del apoyo de Podemos.
Resulta particularmente llamativo que Ferrer aspire a revalidar su escaño sin que su trayectoria parlamentaria haya dejado una huella especialmente reconocible entre los ciudadanos. Pero su principal activo electoral parece ser precisamente la acumulación de siglas que respaldan su candidatura. La coalición vuelve a confiar en que sumar electores sea suficiente para conservar el escaño. Carece de relevancia el programa político, como es de ver.
El caso de Més per Mallorca resulta igualmente revelador. La formación ecosoberanista vuelve a demostrar su disposición a actuar como muletilla electoral del PSOE, esta vez mediante su participación en el acuerdo para el Senado. Y en el Congreso necesita nuevamente sumar otras organizaciones para intentar conservar el escaño conseguido en 2023 por Vicenç Vidal.
La operación constituye, en la práctica, un reconocimiento de las limitaciones electorales de su propia marca. Sin el concurso de Sumar, Esquerra Unida y otras formaciones, la continuidad de Vicenç Vidal en el Congreso —si finalmente encabeza la candidatura— se presenta como un objetivo mucho más complicado. Así fue históricamente.
Paradójicamente, tanta apelación a la unidad no ha servido para integrar a Podemos, que concurrirá por separado al Congreso. Una nueva demostración de que los intereses partidistas y las rivalidades internas en la izquierda continúan pesando tanto como los programas que dicen defender.
Mientras tanto, PP y Vox compiten por ampliar su representación. Los populares aspiran a conservar sus tres diputados y Vox pretende mejorar su resultado de 2023. El escaño de Jorge Campos les sabe a poco, por más que ni se conoce el nombre de los candidatos. En Vox eso parece irrelevante.
Quedan seis semanas para las elecciones y los ciudadanos tendrán la última palabra. Pero parece que el único ibicenco con posibilidades de ser diputado es José Vicente Marí Bosó (PP). Milena lo tiene difícil, pero no imposible. ¡Ánimo, valiente!