Marta Arce lleva a sus espaldas nada más y nada menos que cuatro medallas en los Juegos Paralímpicos: dos platas -en Atenas 2004 y Pekín 2008- y dos bronces -Londres 2012 y París 2024-, compitiendo en diferentes categorías y pesos de Judo. Con este bagaje, es normal que al acabar su ponencia de esta mañana, frente a los alumnos del CEIP Es Vedrà, los jóvenes le pidan autógrafos.
Y es que ella ha sido la protagonista de la séptima de las ocho formaciones en deporte inclusivo que están recorriendo los diferentes colegios de la isla. En la actividad de este jueves han partido 140 alumnos a la ponencia, de cuarto, quinto y sexto de primaria, mientras que a la parte práctica han acudido 92, de quinto y sexto únicamente.
Enmarcada dentro del Programa DIE Deporte Inclusivo en la Escuela, ha estado marcada por la participación y proactividad de un alumnado que ha conocido el deporte paralímpico y adaptado de primera mano. De esta manera han llevado a cabo goalball -el único deporte paralímpico creado específicamente para personas ciegas y con discapacidad visual-, atletismo para personas con discapacidad física, voleibol sentado y judo con discapacidad visual.
Marta Arce -Valladolid, 1977-, nació con albinismo, lo que además de la falta de pigmentación en la piel y el pelo, lleva asociada una discapacidad visual grave progresiva. Se trasladó a Madrid para cursar sus estudios como fisioterapeuta. Ahí conoció al director de la escuela de fisioterapia de la ONCE, quien «me sirvió como inspiración para adentrarme en el mundo del deporte».
Foto: Moisés Copa
Su historia, asegura, no era la de una persona deportista desde pequeña: «siempre me quedaba sentada en un banco en las clases de Educación Física», explica. Sin embargo, cuando comenzó a realizar judo, todo cambió: «disfrutaba tanto de aprender que lo convertí en algo habitual, me pareció muy sencillo convertirlo en rutina. Me ha gustado siempre tanto que no he faltado a un solo entrenamiento durante años».
Arce asegura que «mi entrenador vio que tenia potencial, pese a empezar tarde en el mundo del deporte». Sus primeros juegos paralímpicos no llegaron pronto: «yo empecé en 1997, y en los juegos del 2000 no hubo categoría femenina de judo. Sin embargo, desde entonces los Juegos siempre han sido mi vida. Siempre he tenido esa resistencia a los golpes y esas ganas de ganar».
Después de tantos entrenamientos, comparte su conocimiento con los jóvenes de toda España en formaciones como la de hoy en Sant Agustí. Sin embargo, su deporte, el judo, a diferencia de lo que sucede con otros deportes, no recibe apenas adaptaciones: «en el judo convencional los judokas comienzan separados por dos metros de distancia, y tienen que conseguir el agarre para poder tirarse. En el judo paralímpico, comenzamos ya agarrados, con un kumikata. Esa es la diferencia fundamental, el resto de matices corresponden a los árbitros, que deben señalar de una manera u otra como van puntuando».
Sin embargo, la situación del deporte paralímpico en España a día de hoy «es muy mala», considera Arce: «faltan muchos recursos, y falta mucha cantera», valora. Para ciertos deportes, hace falta una inversión muy grande, que en muchas ocasiones solo se valoran en la edad adulta: «en atletismo, por ejemplo, prácticamente nadie va a gastarse 60.000 euros en unas prótesis que el año que viene te pueden quedar pequeñas».
De estas formaciones, señala Arce, es importante transmitir: «que todos nos podemos transmitir, que todos podemos divertirnos practicándolo, y no ser condescendientes».