El cielo amenazaba por la mañana una lluvia que comenzaba a caer de buena mañana, tal y como habían anunciado el día anterior las previsiones. Eso no parecía excusa para unos vecinos de Sant Antoni que acudían en masa a la iglesia para celebrar su festividad más importante, su día grande. Cuando llegaba la hora de comenzar la ceremonia religiosa, a las 12.00 horas, las lluvias amainaban, para respetar así un día de Sant Antoni que ha podido disfrutar de su día grande de manera prácticamente íntegra.
Durante más de una hora, la acción se ha concentrado en el interior de la iglesia. Ahí, el obispo de Ibiza, Vicent Ribas, junto a las otras grandes figuras eclesiásticas de la isla, ha oficiado una misa en la que ha sido acompañado por la actuación del coro y la música tradicional de la isla. No cabía un alma más en una iglesia en la que los asientos se han ocupado por completo. Los últimos en llegar han quedado en el fondo, de pie.
Cuando el reloj marcaba las 13.15 horas, el evento religioso terminaba y comenzaban a repicar las campanas. En ese momento, mientras la mayoría de los asistentes abandonaba la iglesia y se agolpaba a sus puertas, otros procedían a subir las vírgenes y los santos sobre los pasos.
Unos minutos después, la procesión comenzaba su camino, con la representación de Sant Antoni como gran protagonista. Portada por la Hermandad del Rocío, recorría, partiendo desde el Carrer Ample, los alrededores de la iglesia portmanyina.
Si en cabeza marchaba la cofradía llevando a las vírgenes y los santos, la procesión era seguida por parte de los integrantes de Sa Colla de Can Bonet, que acompañaba con su música el recorrido. Las autoridades eclesiásticas marchaban detrás, a continuación representantes políticos de todas las instituciones de la isla y, por último, los propios vecinos que han acudido a la jornada.
Tras una procesión no demasiado extensa —con motivo de la lluvia no se han desplazado hasta el Passeig de la Mar, como suele ser habitual en esta fecha—, el obispo y el párroco de Sant Antoni, junto al alcalde Marcos Serra y el president del Consell, Vicent Marí, se subieron a un pequeño escenario en el que se ha procedido a uno de los momentos que caracterizan esta festividad: la bendición de los animales.
Bendición de animales
Los vecinos y vecinas se han agolpado para que sus mascotas fueran bendecidas. Elena ha acudido junto a su perrita, Lupita, por primera vez en Sant Antoni. No es la primera vez que acude a estas celebraciones junto a su mascota, pero sí que es su primera ocasión en el municipio portmanyí.
Para Yolanda, en cambio, es un clásico acudir a Sant Antoni en un día como este para bendecir a su perrito, Lucho. Aunque es vecina de Vila, sube todos los años porque considera a su mascota «como un miembro más de la familia, para que también celebre».
Sí que es el primer Sant Antoni para Roco, un cachorro de apenas tres meses que Irene lleva en brazos. El perrito, visiblemente emocionado, vive su primer bautizo en su Sant Antoni natal.
También han acudido a ser bendecidos Crisi y Bono, dos perros que cumplen su labor junto a la Guardia Civil en la isla. El primero, un pastor alemán, se dedica al rastreo de explosivos, mientras que el segundo, todavía cachorro, está en plena formación.
A continuación de esta bendición, se ha procedido a un acto cargado de simbolismo. El obispo ha procedido a liberar una serie de palomas que han salido a toda velocidad de sus jaulas al abrirse estas.
Folklore
Con la representación de Sant Antoni de nuevo en el interior de la iglesia, la multitud ha vuelto a agolparse a las puertas de la iglesia para disfrutar de una exhibición de ball pagès. Aunque por la lluvia ha quedado algo deslucido (no se ha realizado en su ubicación tradicional ni con las vestimentas propias de esta tradición), la Colla de Can Bonet, a través de más de una veintena de balladors y balladores, ha dado una exhibición de folklore y música popular.
Tras esta demostración de ball pagès, y tras una ceremonia completa entre misa, procesión, bendición y baile que se ha extendido por más de dos horas, se ha procedido a entregar al público asistente un dulce tan típico como son las orelletes. De esta manera, Sant Antoni de Portmany ha podido celebrar un día grande en el que la lluvia ha respetado las celebraciones y tan solo se ha tenido que cancelar el desfile de carros.