Dependiendo de si el barco paraba o no en el faro de Es Freus o de la ‘Illa des Penjats’, los ciudadanos de la época podían invertir hasta tres horas para viajar entre Ibiza y Formentera. Incluso, los formenterenses que se desplazaban a Ibiza, siempre por razones de peso, tardaban dos días en poder regresar. A partir de la década de los 30, el servicio marítimo «comenzó a ser más continuo».
Estos curiosos datos guardan relación con la temática del libro de Xico Castelló: Parlem de sa barca de Formentera. La connexió marítima pitiusa i el seus vaixells (1900-1980), presentado este martes en la Biblioteca Municipal de Can Ventosa. En él, el experto profundiza en la história marítima de la isla pitiusa durante el siglo XX.
«Es una crónica personal, aunque el alma del libro son los dibujos de estos barcos con los que he trabajado mucho investigando y buscando detalles. He querido hacer esta crónica desde que se inició la línea regular de pasajeros entre Ibiza y Formentera, un concepto que antes de 1907 era completamente inexistente», explicó el autor.
Según recordó, antes de aquel año, no es que la isla estuviera incomunicada, pero los traslados se llevaban a cabo en llaüts particulares. «El Estado nunca se preocupó de ello, a pesar de las funciones que le deberían haber correspondido. También es cierto que la isla tenía unos 2.000 habitantes y la situación era completamente diferente a la actual», destacó.
Siguiendo una cronología, los lectores podrán descubrir todo tipo de detalles sobre las embarcaciones que se emplearon para cubrir el transporte regular de pasajeros entre las Pitiusas. Con acurados dibujos y una completa descripción, comprobarán cómo ha cambiado este sector a lo largo de los años desde la llegada de la primera naviera creada en la isla, la Unión Marítima de Formentera.
«Un grupo de vecinos, viendo que la cosa no iba, crearon esta naviera a partir de los años 30 y utilizaron unos pequeños balandres adaptados y muy artesanales», señaló el autor.
Antes, un pequeño remolcador cubría las necesidades de los vecinos tres días a la semana.
Naves que forman parte del recuerdo colectivo de los formenterenses aparecen en el libro: desde el vapor Manolito a la Joven Dolores, que comenzó a operar en 1965 coincidiendo con el boom turístico. El libro acaba con la llegada de los ferris, lo que supuso el fin del transporte marítimo tradicional.
A Castelló, el fuerte vínculo con el mundo naval le viene de familia. Además, profesionalmente hablando, trabajó de marinero y llegó a obtener el título de Patrón Mayor de Cabotaje, entre otros.