Las últimas fresas, albaricoques y nísperos del campo ibicenco resisten ya en los mostradores de los mercados de la isla antes de despedirse hasta el próximo año. En el puesto de Mercat Noe, en Vila, Juanjo observa con cierta preocupación cómo algunos de estos frutos tradicionales son cada vez más escasos. A pocos metros, Héctor, desde Frutas y Verduras Catalina, coincide en que la temporada llega a su recta final con menos producto local del habitual.
El caso del albaricoque es, quizá, el que mejor refleja el momento delicado que atraviesa parte del campo ibicenco. «Ha bajado muchísimo la producción, apenas quedan albaricoques de Ibiza y es que, como tantos otros frutales, se han muerto casi todos los árboles en la isla debido a la sequía de los últimos años», lamenta Juanjo mientras muestra las últimas cajas disponibles.
La situación tampoco es especialmente esperanzadora en el caso de la fresa. «Hay muy poca gente que la cultive. Aunque la que sale en Ibiza está muy buena, no puede competir con el precio de la que traen desde Huelva», explica el responsable del puesto, señalando las diferencias de escala entre la producción local y las grandes explotaciones peninsulares.
Resistencia
El níspero, sin embargo, parece soportar mejor las dificultades climáticas. «Es un árbol fuerte y resistente que sigue aguantando bien», comenta Juanjo. Aun así, reconoce que no es uno de los productos más demandados del mercado pese a su calidad y propiedades nutricionales.
Y es que el níspero continúa siendo uno de los frutos más infravalorados de la primavera mediterránea. De sabor dulce con un ligero toque ácido, contiene una importante cantidad de fibra soluble, especialmente pectina, beneficiosa para la digestión y el control del colesterol. También aporta vitamina A y antioxidantes, además de minerales como el potasio. Su elevado contenido en agua y bajo aporte calórico lo convierten en una fruta especialmente refrescante para los primeros días de calor.
Dulzura
La fresa ibicenca, por su parte, mantiene intacta la fama de intensidad y aroma que la distingue frente a otras producciones más industriales. Rica en vitamina C, antioxidantes y compuestos antiinflamatorios, destaca además por su bajo contenido calórico y por su aporte de manganeso y ácido fólico. Su consumo se asocia con beneficios cardiovasculares y con la protección celular frente al envejecimiento oxidativo.
El albaricoque, cada vez más difícil de encontrar cultivado en la isla, sobresale por su contenido en betacarotenos, responsables de su característico color anaranjado. También aporta vitamina C, fibra y minerales como el potasio y el magnesio. Tradicionalmente muy presente en huertos familiares ibicencos, su desaparición progresiva refleja los efectos acumulados de la falta de agua y del abandono agrícola.
Más allá de consumirse frescos, estos tres frutos ofrecen múltiples posibilidades en cocina. El níspero combina especialmente bien en mermeladas, compotas o acompañado de quesos suaves y yogur. También puede utilizarse en ensaladas con frutos secos y hojas verdes.
Las fresas siguen siendo una apuesta segura tanto en postres sencillos como maceradas con zumo de naranja o hierbabuena, aunque también funcionan en preparaciones saladas junto a queso fresco o vinagretas suaves.
En el caso del albaricoque, su equilibrio entre dulzor y acidez permite emplearlo tanto en repostería como en platos salados. Asados ligeramente y acompañados de carne blanca o transformados en confitura continúan siendo algunas de las recetas más habituales.
Mientras las cajas empiezan a vaciarse en los mercados, estos frutos se despiden hasta el próximo año dejando una sensación agridulce: la del sabor intenso y cercano del producto local, pero también la constatación de que cada temporada resulta más difícil mantener vivo parte del paisaje agrícola tradicional de Ibiza.