Catalina Prats, a sus 92 años, ha podido disfrutar de algunas de las imágenes más impresionantes del fondo marino de las Pitiusas gracias a la realidad virtual de unas gafas que, este martes por la mañana, los impulsores del proyecto Posidonia 360º han acercado a los usuarios de la Residencia Sa Serra. «Nunca había visto el fondo marino de esta manera», asegura Catalina, quien agradece el poder vivir una experiencia como esta.
Como «maravillosa» define la experiencia Merche Rodríguez otra de las usuarias del Centro de Sa Serra. Originaria de Valladolid, ha vivido prácticamente toda su vida ajena al mar «aprendí a nadar con 58 años, ahí solo había el Pisuerga», asegura. Sin embargo, siempre ha disfrutado mucho del mar, y mediante las gafas con las que ha podido contemplar el fondo marino, ha podido disfrutar de todas aquellas imágenes «que llevo muchos años sin poder ver».
Por su parte, Xicu Tur, director de la residencia Sa Serra, destacó que esta iniciativa busca acercar las nuevas tecnologías a las personas mayores a través de actividades interactivas y experiencias de realidad virtual. «La propuesta ha tenido una gran acogida entre los usuarios del centro», apuntó, resaltando que el objetivo principal del proyecto es reducir la brecha digital existente entre generaciones y facilitar que las personas mayores puedan familiarizarse con herramientas tecnológicas que ya forman parte del día a día de otros colectivos.
El director de Sa Serra explicó que conoció el proyecto durante unas jornadas dedicadas a las personas mayores celebradas en el recinto ferial de Ibiza, donde coincidió con la investigadora principal del proyecto, con quien acordó trasladar la iniciativa a la residencia de Sant Antoni. Durante la actividad, los residentes participaron en distintos juegos y dinámicas tecnológicas, aunque las gafas de realidad virtual fueron la experiencia más demandada. «Pensábamos que podría haber personas mareadas, pero ha habido cola para probarlas», precisó Tur. Asimismo, valoró positivamente este tipo de iniciativas porque ayudan a que las personas mayores «no se sientan ajenas a lo que pasa en el mundo que les rodea», pese a vivir en una residencia.