Alejandro Astola atraviesa uno de los momentos más destacados de su carrera. Su gira «Mi Guitarra y Yo» ha superado las 30.000 entradas vendidas, ha agotado localidades en numerosas ciudades de España y continúa creciendo con nuevas fechas en Latinoamérica y buena parte de 2027 ya confirmada. Sin embargo, detrás de ese éxito sigue encontrándose el mismo artista que lleva años defendiendo las canciones, la cercanía y la emoción por encima de cualquier artificio.
Antes de su concierto en Las Dalias el próximo jueves 11 de junio, el compositor sevillano habla sobre el momento que vive actualmente, la amistad que le une a Antoñito Molina, la importancia de mantener los pies en el suelo y la ilusión que sigue impulsando una trayectoria construida siempre a su manera.
- Llegas¡ a Las Dalias en uno de los momentos más destacados de su carrera. Si echas¡ la vista atrás, ¿qué sensaciones le produce todo lo que ha ido ocurriendo estos años?
- Solo me están ocurriendo cosas buenas. Llevo mucho tiempo en esto y parece que le gusta un poquito más al público. Todo sigue siendo igual, pero con un poquito de más.
- ¿Qué queda de Fondo Flamenco y de Astola y Ratón en el actual Alejandro Astola?
- Todo, pero con un poquito de más.
- «Mi Guitarra y Yo» ha conseguido conectar con miles de personas desde un formato muy íntimo y alejado de los grandes artificios. ¿Por qué cree que el público necesita ahora esa cercanía?
- Porque se echa en falta y estamos rodeados de productos enlatados, donde una guitarra y una voz parece algo novedoso.
- Sus canciones siempre han estado muy ligadas a las emociones, las experiencias y las personas que le rodean. ¿De dónde nace su inspiración actualmente?
- De cualquier parte. Siempre ando con los ojos y los oídos abiertos. Y el corazón atento.
- Acaba de publicar «Tengo un Tesoro» junto a Antoñito Molina. ¿Cómo surgió esta colaboración y qué significado tiene para usted una canción que habla precisamente de la amistad?
- Es el resultado de muchísimos años. Y más que una colaboración, es una relación de amor entre dos amigos.
- Desde su primer álbum ha pasado más de una década. Sin embargo, hay muchísima gente que sigue escuchando sus canciones y acompañándote como si fuese el primer día. ¿Cómo vive esa relación con un público que ha evolucionado con usted?
- Muy emocionado, responsabilizado y orgulloso.
- ¿Qué busca transmitir cuando se sube a un escenario?
- Pureza, verdad, cercanía… Y más que un concierto, una experiencia.
- Su música bebe del flamenco, la canción de autor, el rock andaluz y muchas otras influencias. ¿Qué artistas o estilos siguen inspirándole a día de hoy?
- Joaquín Sabina es mi rey de las musas.
- Las Dalias es un lugar muy vinculado a la libertad creativa y a los encuentros entre música y emociones. ¿Qué espera encontrar el jueves?
- Buen ambiente, buen rollo y un público entregado… como lo haré yo.
- ¿Hay alguna canción de su repertorio que haya cambiado de significado para usted con el paso de los años?
- «El país de la nunca libertad». Fue la primera canción que escribí en mi carrera en solitario.
- Después de tantos kilómetros, conciertos y experiencias, ¿qué cosas siguen emocionándole como el primer día?
- Las lágrimas de los demás.
- Este 2026 está siendo un año extraordinario para usted, con la gira agotando entradas en prácticamente todas sus fechas, incluyendo Latinoamérica, y con buena parte de 2027 ya en marcha. ¿Cómo se afronta un momento así y qué retos se plantea para los próximos años?
- Mantener los pies en el suelo, caminar con pies de plomo.
- Su carrera atraviesa uno de sus momentos más inspirados. Cuando todo avanza tan rápido, ¿qué es lo que intenta conservar intacto como artista?
- La ilusión. Siempre la ilusión. Y que nunca se convierta en obligación.