Cualquier ibicenco ha oído alguna vez en su vida la frase «Pep, Tonis, Joans i asens n’hi ha un a cada casa». Un dicho a modo comedia y que el obispo de Ibiza y Formentera, Vicent Ribas, ha usado para felicitar a todos los joanins este 24 de junio en honor a la festividad de su patrón, haciendo estallar las risas en el templo. Un día que hace que se reúnan los vecinos del pueblo que hace tiempo que no se ven o para que los de otros suban para disfrutar de la tradición.
A las 18.30 horas, la iglesia de Sant Joan se ha llenando completamente para la misa solemne como primer plato de esta jornada festiva que, por primera vez, se ha celebrado por la tarde, lo que ha permitido que no haya hecho tanto calor como de costumbre y que la gente que suele trabajar de mañana fuera de Sant Joan pueda acudir sin problema.
A pesar de que la misa se celebraba, algunos han decidido esperar fuera, sobre todo aquellos que iban con más pequeños o que se estaban terminando de vestir, ya que la Colla de Labritja ha actuado antes de terminar la jornada. Este es el caso de Neus Joan, vecina de Sant Llorenç, quien antes no acudía tanto a las celebraciones, pero desde hace un año su hija se enamoró del ball pagès y ha comenzado a asistir más, puesto que «si por ella fuese se vestiría cada día».
Foto: Moisés Copa
Nuria Malé, natural de Manresa, es el sexto año que acude a esta festividad y lo hace porque le «encanta» el ball pagès. También han pasado la revetlla en Ibiza, ya que tiene la tradición de celebrar Sant Joan, puesto que en Cataluña es una de las festividades que más se celebra.
Una vez terminada la eucaristía, sobre las 19.40 horas ha empezado la procesión, donde han estado presentes cargos institucionales, que ya han estado en la misa, como Vicent Marí, presidente del Consell de Ibiza, o Tania María, alcaldesa de Sant Joan. Además, el camino ha ido acompañado del son de las campanas de la iglesia y del repic de las castanyoles y del sonido del tambor y la flaüta de los balladors y sonadors de la Colla de Labritja.
Y la procesión no podía acabar sin después el tradicional ball pagès que lucía con la puesta de sol. Los presentes se han quedado observando a la colla mientras se hacía el reparto de bunyols y orelletes, así como de un refrigerio para acompañar la comida.
La jornada ha terminado con el desfile de coches y motos clásicas, que han hecho rugir Sant Joan como una vez lo hizo por sus calles y que solo algunos recuerdan.