Fonsi Nieto (Madrid, 1983) es uno de los nombres propios del motociclismo español. Sobrino del mítico Ángel Nieto, compitió durante años en el Mundial antes de que un grave accidente le obligara a retirarse de la competición. Desde entonces ha seguido vinculado a las dos ruedas como entrenador de Jorge Martín, con quien ha conquistado el Mundial de MotoGP.
Paralelamente, ha desarrollado una segunda carrera como DJ, una pasión que arrastraba desde niño y que terminó de tomar forma tras dejar la competición. Ibiza ocupa un lugar central en esa historia: en su DNI figura Santa Eulària como lugar de residencia y a la isla lleva viniendo desde los cuatro años. Este sábado ha pinchado en Tomorrowland Store Ibiza, una fiesta previa a su actuación del próximo sábado en el festival de Bélgica. Antes de subirse a los platos, atendió a Periódico de Ibiza y Formentera para repasar su trayectoria deportiva, el salto a la música y su relación con la isla.
—¿Qué recuerdos guarda a día de hoy de toda su etapa como piloto?
—El deporte al final me ha dado casi todo en la vida. Toda mi familia hemos estado siempre vinculados al mundo de las motos y yo he seguido y sigo estando vinculado, ya no solo cuando corría sino también con Jorge Martín, con quien hemos ganado el Mundial de MotoGP tras cuatro años trabajando juntos, tanto como deportista como después de entrenador. Desde mi tío, que era una eminencia en este deporte, hasta poder seguir a día de hoy vinculado a ello, siempre le he dicho que tenía muchísima suerte de poder dedicarme a cosas que me han apasionado, tanto las motos como la música.
—¿Sintió una presión especial por ser sobrino de Ángel Nieto?
—Sí, al final tener una referencia como él, que ha sido el segundo con más títulos de la historia, te da una presión extra. Pero yo siempre he dicho que esto es un deporte solitario, no es un equipo de fútbol que son once, eres tú solo, y cuando se pone el semáforo en verde ahí ya se olvida que seas sobrino, hijo o nieto de quien seas. Ahí te tienes que buscar la vida tú.
—¿En qué momento decidió poner punto final a esa etapa?
—Por el accidente. Fue durísimo para mí tener que retirarme así. Para un deportista lo más jodido es cuando te tienes que retirar por una lesión y en ese caso la música me sirvió como una gran terapia porque poder encontrar algo con la misma adrenalina y que te llene fue importantísimo para mí. Si no, llenar ese vacío psicológicamente es muy complicado.
—¿Cómo se adentró en el mundo de la música, un cambio tan drástico?
—Desde pequeño me encantaba, incluso cuando corría recuerdo noches pinchando en Amnesia y en alguna discoteca más. He sido habitual en Ibiza desde que tengo cuatro o cinco años y al final, igual que para el cine está Hollywood, para la música electrónica está Ibiza. Era fácil que me gustara, tenía muchos amigos DJ, como Eric Morillo o Wally López, que me metieron esa pasión.
—¿Aprendió de ellos?
—Sí. Al final yo siempre he sido muy exigente; siempre me ha gustado fijarme en los mejores e intentar aprender y mejorar. Creo que ese ADN, ese ‘no conformismo’, viene también del deporte.
—¿Cómo fue ese paso de convertir una pasión en una profesión?
—El accidente fue lo que cambió todo. Mis planes no eran en ningún momento dedicarme a la música, era dedicarme al deporte, porque todavía tenía años de carrera por delante. Pero llegó esto: venía en un avión después del accidente con mi amigo DJ Nano y lo hablamos. Me dijo: ‘tío, deja esto ya, que casi te matas, que estuviste un minuto en parada cardiorrespiratoria, catorce operaciones... Ahora vamos a hacer lo que te gustaba de pequeño, vamos a montar una fiesta y a empezar a pinchar’. Y así fue: montamos con él una fiesta que se llamaba Motorcycle, que funcionó mucho en Ibiza. Fue un paso muy natural, sin cortar nada, poco a poco, y me di cuenta de que era lo que quería hacer con mi vida.
—¿En qué lugar ha sentido una conexión más especial con el público?
—El sábado que viene pinchamos en Bélgica, en el festival de música electrónica más importante del mundo y creo que llegar a ese objetivo ha sido algo súper bonito, algo que nunca me imaginé y que siento como el premio a tantos años peleando por esto. Y luego está Ibiza, claro. Yo siempre enseño mi DNI a todo el mundo, que pone Santa Eulària. Desde que vine, hace ya bastantes años, me enamoré de la isla y ahora le estoy pasando esa pasión a mis hijos, que les gusta mucho. Desde pequeño, con mi tío Ángel y con mi familia, hemos pasado aquí los mejores momentos de nuestra vida.
—¿Qué destacaría de la otra Ibiza, la que no se conoce tanto?
—Intento siempre ser muy embajador de Ibiza, de lo que la gente no conoce. Muchas veces en el mundo de las motos hablas con franceses o italianos y parece que aquí solo hay discotecas. Eso hasta me llega a cabrear. Siempre les invito a venir, a conocer las playas, la gastronomía, la gente. Hablo mucho del invierno de Ibiza, que me encanta, casi más que el verano. Venimos siempre en Navidades y pasamos mucho tiempo aquí fuera de temporada y me apasiona. Aparte de las playas, que para mí son las mejores del mundo, creo que no hay un sitio donde se coma mejor que en Ibiza. Hay grandísimos cocineros y restaurantes, y tengo amigos aquí que ya son familia.
—¿En qué momento se encuentra ahora a nivel profesional?
—Bien, contento, tranquilo. Estoy en un momento guay, con mi familia mucho tiempo, con la música cada vez va mejor y con mil proyectos, así que estoy contento.
CON 2 C....S ACOJ.... Y SE QUEDA TAN TRANQUILO