La música tradicional ibicenca vivió la noche de este sábado uno de esos momentos que merecen ser guardados en la memoria. L’Arannà inauguró la duodécima edición de las Nits de Tànit con un concierto extraordinario en la sede de la UIB en Ibiza, una actuación en la que Lara Magrinyà y Anna Sala demostraron que la tradición no tiene por qué ser un territorio inmutable, sino una materia viva capaz de transformarse, dialogar con el presente y abrir caminos completamente nuevos con su nuevo proyecto, Turmarí.
Durante toda la noche, el dúo fue descomponiendo los elementos reconocibles del folklore ibicenco para volver a ensamblarlos en un lenguaje propio. La electrónica, las voces y una delicadísima puesta en escena convivieron con instrumentos tradicionales de las Pitiusas, integrados con una naturalidad sorprendente en las atmósferas creadas por las dos músicas. El resultado fue un espectáculo de una enorme personalidad, tan respetuoso con sus raíces como radicalmente contemporáneo.
Uno de los grandes protagonistas de la noche fue la cançó redoblada, que adquirió una nueva dimensión dentro del universo sonoro de L’Arannà. El momento alcanzó una especial intensidad con la participación de Elena Ribas Costa y Vicent Marí ‘Palermet’, que acompañaron al dúo en un momento de la noche y aportaron al espectáculo la fuerza y autenticidad de una tradición transmitida durante generaciones.
Porque lo que hicieron Lara Magrinyà y Anna Sala no fue simplemente incorporar elementos del folklore a una propuesta electrónica. Su trabajo parte de una profunda comprensión de esos materiales para deconstruirlos y convertirlos en materia prima de un repertorio propio, con canciones y textos que hablan de la Ibiza de hoy.
Sus letras miran directamente a la realidad de las islas y abordan cuestiones tan actuales como el problema de la vivienda o la progresiva desaparición de la sargantana ibicenca, protagonista de ‘Podarcis Pityusensis’. También hay espacio para el juego y para esos elementos que forman parte del imaginario contemporáneo de las Pitiusas. En ‘Na Blanca d’en Mestre’, por ejemplo, L’Arannà contrapone el récord formenterense de la mayor higuera del mundo con el universo de las grandes discotecas ibicencas, en un tema que acaba desembocando en un guiño a la música techno que forma parte de la identidad sonora más reconocible de la isla.
La formación también se permitió reinterpretar a su manera uno de los grandes referentes de la música tradicional pitiusa con una versión muy sui géneris de ‘Sa llarga’, llevándola a un terreno completamente personal y demostrando, una vez más, que conocer la tradición permite también jugar con ella, retorcerla y encontrar en ella posibilidades que quizá habían permanecido ocultas.
Pero si hubo un momento capaz de resumir la emoción de toda la noche fue el final. Después de un concierto construido con capas de sonido, instrumentos, voces y electrónica, L’Arannà se despidió de la manera más desnuda posible: a capella y cantando ‘De jo et vas despediguent’ a modo de ‘bis’. Las maravillosas voces de Magrinyà y Sala ocuparon por sí solas el espacio ante un público en pie inmerso en una ovación interminable, de esas que no parecen querer terminar porque cuesta abandonar una experiencia que acaba de tocar algo especialmente profundo.
L’Arannà dejó así inauguradas las Nits de Tànit con mucho más que un concierto. Su actuación fue una reivindicación de la capacidad de la música tradicional ibicenca para seguir evolucionando sin perder su identidad. Una demostración de talento, sensibilidad y riesgo artístico que sitúa a Lara Magrinyà y Anna Sala ante uno de los caminos más estimulantes que puede recorrer actualmente la música de raíz en las Pitiusas.
Y quizá por eso, por la manera en que consiguieron mirar hacia atrás para construir algo absolutamente nuevo, la noche de ayer debería acabar ocupando un lugar destacado en las páginas de la historia reciente de la música tradicional ibicenca.
No me gusta, no las conocía y he buscado más contenido de ellas en Youtube y no me gusta lo que hacen. La música tradicional y el folklore de la isla se tiene que respetar tal y como es, no querer hacer versiones y darle giros electrónicos y contemporáneos, para hacer algo que es música new age, algo así como Enya con sabor ibicenco. Si quieren hacer new age, que hagan new age, si quieren hacer electrónica, que hagan electrónica, y si quieren hacer folklore ibicenco que hagan folklore ibicenco, pero que no mezclen cosas porque final no es nada, es una ensalada payesa de estilos y géneros que ni es esto ni lo otro. Sospecho que es porque no tienen talento ni conocimientos sólidos en ningún género concreto, por ello se han tenido que resignar en hacer esta peculiar mezcla que al final no es nada, ni es chicha ni es limoná.