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Artesanía, producto local y tradición se dan cita cada jueves en Sant Rafel

La Mostra Artesanal reúne a vecinos y visitantes en torno a los oficios tradicionales, el producto local y un ambiente familiar que convierte el centro del pueblo en punto de encuentro

La Mostra Artesanal de Sant Rafel se celebra todos los jueves, de 19.30 horas a 22.30 horas, desde finales de junio y hasta el 10 de septiembre, frente al centro cultural Can Portmany. | Foto: Odile Ana

| Sant Rafel |

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Cada jueves al caer la tarde, la Avenida Isidor Macabich de Sant Rafel cambia de ritmo. Los puestos comienzan a llenarse, vecinos y visitantes recorren la muestra mientras otros ocupan las mesas para sentarse «a la fresca» y la artesanía, el producto local y las tradiciones de la isla recuperan su protagonismo. Hasta el 10 de septiembre, la Mostra Artesanal de Sant Rafel convierte este punto del pueblo en una de sus citas habituales de las noches de verano.

Cerámica, cestería, espardenyes, bisutería, pintura, plantas o elementos decorativos conviven con fruta y verdura ecológica, miel y elaboraciones gastronómicas artesanas. Una oferta diversa que comparte un mismo hilo conductor: poner en valor aquello que se crea, cultiva o elabora en la isla y, especialmente, los conocimientos y oficios que han pasado de generación en generación.

«Este mercado artesanal de Sant Rafel es una manera de continuar con nuestras tradiciones y de hacer muchas cosas que, de otra manera, se perderían», explica Marcos Roig Ramon, regidor del Ayuntamiento de Sant Antoni, al que pertenece Sant Rafel. El edil destaca además la oportunidad que supone para que vecinos de Sant Rafel y del resto del municipio puedan mostrar el trabajo que realizan durante todo el año.

«Son trabajos complicados, para los que tienes que tener paciencia y mucho tiempo que dedicar. Es una manera de darles valor y conseguir que sigan perdurando», resume Roig. Más allá de los puestos y de las compras, la cita mantiene vivo algo menos tangible: una forma de hacer, compartir y transmitir la cultura de la isla.

Detrás de cada puesto hay una historia y, en muchos casos, horas de trabajo difíciles de contabilizar. María del Mar Andrés Vega cuenta con el carnet de artesana de esparto y de zapatillas, aunque sus manos no entienden demasiado de límites: elabora espardenyes, piezas de ganchillo y sombreros, cistelles pintadas a mano. Su puesto tampoco es siempre el mismo. Unas semanas lleva esparto y otras, ganchillo, porque prefiere ir cambiando.

La artesana explica que la elaboración tradicional de unas espardenyes exige adaptar cada pieza a la persona que va a llevarla. «Cada persona tiene los pies diferentes», señala. Un trabajo completamente manual en el que las horas dedicadas explican también el valor de cada pieza: «La gente dice que es caro, pero lleva muchas horas».

También las horas se acumulan en las manos de Carmen Ruiz. Jubilada después de una vida dedicada a la hostelería, encontró casi por casualidad una nueva afición en unas antiguas tejas. Algunas tienen incluso historia familiar. Una de las piezas que muestra perteneció a la casa de sus abuelos y supera los cien años de antigüedad.

Sobre ellas reproduce fachadas minuciosamente decoradas utilizando porcelana para crear flores, balcones, puertas y pequeños detalles que posteriormente pinta y coloca uno a uno. Una pieza de tamaño medio puede requerir entre diez y doce días de trabajo. «Me gusta, me relaja», resume Ruiz, que participa este año por primera vez en la muestra.

El producto local ocupa igualmente un lugar destacado. Faltiska Emerich lleva la apicultura prácticamente en la sangre. A los doce años pidió a su padre su primer enjambre y desde entonces no ha dejado de aprender sobre las abejas. Llegó a España en 2003 después de haber tenido 125 colmenas en Rumanía y actualmente su familia trabaja con más de 500 colmenas distribuidas por diferentes puntos de Ibiza.

Además de producir miel bajo la marca Miel de Baleares Camparadís, Emerich reivindica una labor que va mucho más allá del producto final. La distribución de las colmenas por la isla contribuye a la polinización y, con ella, al mantenimiento de una naturaleza sana. El proceso continúa en el obrador, donde la miel extraída de los cuadros se deja madurar antes de ser envasada, etiquetada y puesta a la venta.

La gastronomía también ayuda a convertir la muestra en un lugar donde quedarse y no únicamente en un espacio de compra. Margarita Riera lleva cada jueves pastas dulces y saladas elaboradas artesanalmente en casa. «La gente ya lo sabe» y regresa a buscarlas, explica. Algunos son residentes y otros visitantes que pasan sus vacaciones en Ibiza desde hace años. Muchos compran algo para comer, buscan una bebida y se sientan después en las mesas para charlar y disfrutar.

Entre los puestos hay también espacio para la solidaridad. Josep Miquel Torres Riera participa con una colección de cuadros de artistas de Baleares cuya recaudación se destina a proyectos solidarios, entre ellos iniciativas desarrolladas en la India. Una labor respaldada por voluntarios y asociaciones que, según explica, ha ido creciendo con el tiempo.

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