Rodrigo Cuevas tardó apenas unos segundos en demostrar que su primer encuentro con el público ibicenco no iba a ser un concierto convencional. Nada más comenzar su actuación del viernes en el ciclo Nits de Tanit, el artista asturiano abandonó el escenario y se internó entre el público para buscar a Massiel, sentada en el patio de butacas. La encontró y compartió con ella ‘Un mundo feliz’, la canción que abre Manual de Belleza, el nuevo trabajo de Cuevas y una declaración de intenciones de lo que iba a suceder durante las siguientes dos horas.
La presencia de Massiel no era casual. La cantante participa precisamente en esta canción, primer adelanto del nuevo álbum, y su aparición en Ibiza convirtió el inicio del espectáculo en uno de sus momentos más celebrados. La propia gira La Belleza ha situado este tema como una de sus piezas centrales: una canción que plantea el mundo ideal que le gustaría habitar y que funciona también como una suerte de presentación del universo del nuevo disco y de su espectáculo.
A partir de ahí, Cuevas desplegó al pie de las murallas el espectáculo con el que está recorriendo España para presentar Manual de Belleza, un montaje que va mucho más allá de un concierto. El nuevo álbum, producido junto a Eduardo Cabra, cierra la trilogía iniciada con Manual de Cortejo y continuada con Manual de Romería, y amplía el habitual diálogo del asturiano entre tradición y modernidad con nuevas sonoridades y una amplia nómina de colaboradores. Massiel, Ana Belén, Mala Rodríguez, Zahara, Grande Amore o Mapi Quintana forman parte de un disco que transita por el bolero, el rap, la electrónica, el pasodoble o los sonidos de raíz.
Pero si algo caracteriza a La Belleza es que las canciones son solamente una parte de la experiencia. Cuevas ha construido alrededor de ellas un auténtico cabaré contemporáneo, cargado de referencias populares, teatralidad, provocación y humor. En Ibiza, dos pantallas situadas a ambos lados del escenario contribuyeron a convertir el concierto en un espectáculo de variedades. Desde ellas, Rossy de Palma ejerció como particular maestra de ceremonias y presentó al artista.
Las pantallas también sirvieron para introducir algunos de los descansos del espectáculo. En lugar de limitarse a resolver los cambios de vestuario o las transiciones entre bloques, Cuevas los convirtió en parte del propio show mediante pequeños anuncios publicitarios ficticios, una nueva muestra de su sentido del humor y de la estética de cabaré que recorre toda la propuesta. En Ibiza pudieron verse los anuncios de ‘Sales de baño’ y ‘Feromonas La Belleza’, dos pequeñas piezas que jugaban con la publicidad y con el particular universo irreverente del artista.
La puesta en escena estuvo dominada además por las referencias a la cultura popular asturiana. Las grandes cortinas de maíz que formaban parte del decorado servían como uno de los elementos visuales más reconocibles de un montaje concebido para envolver al espectador. Y Cuevas, siempre atento a los detalles locales, se interesó durante el concierto por el vocabulario de la isla y quiso saber más sobre una palabra ibicenca relacionada precisamente con ese elemento del decorado: la ‘daxa’.
El artista demostró también su capacidad para adaptarse al lugar en el que actúa. Durante buena parte del concierto se dirigió al público en un catalán fluido, incorporando el idioma con naturalidad a sus intervenciones y demostrando una vez más que la palabra ocupa en sus espectáculos un lugar tan importante como la música.
En el apartado musical, Cuevas estuvo acompañado por sus habituales Mapi Quintana, Juanjo Díaz, Tino Cuesta y Rubén Bada, una formación que combina instrumentos acústicos, percusión, electrónica y voces para construir ese particular territorio en el que el folclore puede convivir con la música electrónica.
Y junto a ellos, una de las grandes señas de identidad de La Belleza: Las Perfectas, el cuerpo de baile que acompaña al asturiano y que participa activamente de esa mezcla de humor, provocación e irreverencia. Su presencia convierte muchas de las canciones en auténticos números de cabaré y refuerza el carácter teatral de un espectáculo que no pretende establecer una frontera clara entre concierto, baile, performance y comedia.
Cuevas se mueve precisamente en ese territorio fronterizo. Puede pasar de una canción de raíz a una base electrónica, del humor más absurdo a una reivindicación de la libertad individual y de la tradición popular a una estética deliberadamente queer sin que ninguna de esas piezas parezca fuera de lugar. El resultado es un espectáculo en el que la tradición no se presenta como una pieza de museo, sino como una materia viva susceptible de ser transformada, mezclada y, sobre todo, disfrutada.
La propuesta de La Belleza juega con la aparente contradicción entre raíces y vanguardia, tradición y electrónica, solemnidad y mamarrachismo, belleza e irreverencia. Y el público ibicenco acabó entrando de lleno en el juego. El espectáculo fue creciendo desde el escenario hasta terminar levantando al público para convertirlo en parte de la función.
Así, el debut de Rodrigo Cuevas en Ibiza no fue simplemente la presentación de un nuevo disco, sino la llegada a la isla de todo un universo escénico. Un cabaré en el que las Perfectas, las pluscuamperfectas, Massiel, Rossy de Palma, las cortinas de maíz, las falsas campañas publicitarias y el propio Cuevas forman parte de una misma celebración: la de hacer de la música popular, la tradición y la libertad un territorio donde, efectivamente, la indiferencia resulta imposible.
El concierto de Rodrigo Cuevas llegó, además, después de la actuación de l’Arannà, que abrió esta edición de Nits de Tanit con otra propuesta de raíz y personalidad propia. Dos espectáculos muy diferentes, pero unidos por la capacidad de reivindicar la música de tradición desde una mirada contemporánea y alejada de convencionalismos. La sucesión de ambos conciertos confirma la apuesta del ciclo por una programación de calidad, diversa y con artistas capaces de llevar la música popular hacia nuevos territorios sin perder su identidad.