Tailandia, India e incluso Panamá o Puerto Rico son algunos de los destinos a los que han viajado —o podrían hacerlo próximamente— los robots diseñados por los alumnos de CREA, el Club de Robótica Educativa de Ibiza, en caso de alzarse con la victoria en el campeonato nacional que se celebra en Andorra.
A través de David Solá, monitor de robótica del centro, hemos podido conocer cómo es la exigente preparación a la que se enfrentan estos jóvenes. «En el verano, sobre todo cuando saben que van a nacionales, es cuando les damos más caña, les damos más horas. Cada reto de estos supone entre 150 y 200 horas tranquilamente de trabajo para ellos, siendo chavales muy jovencitos y donde la frustración es muy fácil de que aparezca», señala el docente.
En estas competiciones, los alumnos deben programar sus robots para movilizar piezas de un espacio a otro con gran precisión. «En el caso de los más pequeños, el escenario hace un símil en el que tienes que llevar los instrumentos a los músicos; tienes que mover el micrófono y otros elementos alrededor de la mesa con los robots», explica Solá. «Cuando hacen el reto, es al azar: no saben exactamente dónde están situados los elementos ni el color que es, y tienen que intentar lograrlo en menos de dos minutitos. Esa es la gracia de todo». El monitor añade que la dificultad aumenta con la edad: «En categorías inferiores solo se mueven las cosas, pero según van creciendo también hay que transportar y elevar objetos. Y si pasamos a sénior, hacen un mosaico».
Los participantes
Uno de los participantes más jóvenes, Nil, detalla el funcionamiento de su creación: «El robot de nuestro equipo primero sale de la zona de salida. Entonces tiene que ir a por un bloque, ya sea el azul o el blanco. Cuando lo coge, tiene que detectar de qué color es, y si es blanco, ya tiene dentro toda la información guardada de dónde está el recuadro blanco». Detrás de esta aparente sencillez hay cerca de 200 horas de aprendizaje en programación.
El ambiente es relajado, los concursantes hablan y se plantean mutuamente el funcionamiento de sus robots, entre estas conversaciones, resalta una preocupación, la de Vicent, compañero de Nil, a quien inquieta una nueva normativa: «Este es el primer año que hay que ir con el robot desmontado y montarlo allí en la competición. No me parece bien porque te tienes que memorizar el robot, luego gastas tiempo montándolo y, aunque para mí no es un gran problema porque voy con piezas de Lego, para otros sí lo es».
Quien afronta la cita con mayor veteranía es Margarita, una de las integrantes de CREA: «Para esta competición llevamos desde el tercer trimestre preparándonos, un poco después de haber terminado otra. En total, de trayectoria en robótica, nosotros ya llevamos cinco años», apunta. El equipo cuenta con una notable complicidad; de hecho, ante la ausencia de una compañera que actualmente se encuentra en Canadá y no podrá viajar a Andorra, Roc y Pablo han ideado un homenaje colocando la cara de la joven en uno de los robots para que esté simbólicamente presente en el torneo.
Desde el Ayuntamiento de Ibiza, el concejal de Juventud, Manu Jiménez, ha querido trasladar su entusiasmo y respaldo a los participantes desde las instalaciones de C19: «Desde el Ayuntamiento les deseamos que les vaya súper bien y que, cuando ganen —si es que ganan en la nacional—, luego se puedan ir incluso al mundial», concluye el edil.