La actuación de Paloma San Basilio (Madrid, 1950) en Ibiza es una de las grandes citas culturales del mes de septiembre en la isla. Con ‘Dulcinea’, bajo la dirección de Juan Carlos Rubio, en la obra que protagoniza se mezclan fragmentos del libro de Cervantes con otros grandes clásicos. Con más de 50 años de carrera, Paloma San Basilio es una de las grandes damas de la música española, aunque asegura que sorprenderá a todos con esta nueva propuesta.
—¿Ha actuado en la isla de Ibiza en alguna otra ocasión?
—Sí, hace tiempo. Hay que tener en cuenta que, en 50 años, he cantado ya en prácticamente todos los puntos de España, pero es verdad que hace mucho que no voy.
—¿Quién es Dulcinea?
—Es un ser, casi un ente de razón, creado por Don Quijote. Lo cierto es que sus andanzas y correrías están fundamentadas principalmente para honrar a Dulcinea y todo el ‘leimotiv’ de Don Quijote es este personaje. Sin embargo, Dulcinea nunca dice esta boca es mía. Es un reflejo de Don Quijote, que la inventa, y ella se deja inventar. Aquí se ha rescatado a la Dulcinea de Cervantes que está un poco entre líneas. En principio, es un personaje perfecto e ideal para transformarlo después en las otras mujeres de Cervantes, en esa Aldonza fuerte y robusta que reivindica su derecho a ser una mujer de campo o en la pastora Marcela que representa la libertad. También, entre otras, la Dulcinea de Unamuno que dice que debemos seguir luchando y no aceptar la mentira. Son muchas mujeres en una hora y 20 minutos y es un recorrido maravilloso.
—¿Y esa Dulcinea que ya tiene voz habla también de temas de actualidad?
—Juan Carlos Rubio ha hecho un trabajo maravilloso. Reconozco que me puse en sus manos y acepté la gira sin haber leído el texto. Yo le di un voto de confianza y él me lo dio a mí porque escribió un texto tremendo, cervantino, y estoy muy agradecida. Es un gran proyecto y la gente que viene se sorprende por lo moderno que es el montaje y el discurso reivindicativo desde la verdad. Es una obra que sorprende y, al final, la gente se queda consternada porque comprueba que se había descrito ya lo que estamos viviendo ahora y es muy emocionante poder contar eso y despertar conciencias. Estoy disfrutando mucho con este trabajo.
—Usted tiene una conexión especial con Don Quijote porque hace unos años representó el espectáculo ‘El hombre de la Mancha’.
—Yo creo que estoy un poco obsesionada con él. En esa obra Dulcinea era como una iconografía, como una luz y nada más. Aquí no. A Don Quijote le pongo los puntos sobre las íes y le hago revisar el discurso y, al mismo tiempo, le apoyo, le reivindico en su parte más maravillosa, esa que nos hace tanta falta cuando hablamos de ideales, de mirar de frente y de llamar a las cosas por su nombre. Doy a Don Quijote algo que, a lo mejor, Cervantes le niega en esa obra tan maravillosa. No es solamente un personaje literario.
—Han agotado con esta obra localidades en numerosas ciudades. Es el gran reconocimiento de su público.
—Es un salto cualitativo tan importante. De pronto, he salido de una zona de confort a otra y tenía mis miedos y dudas sobre si realmente la gente entendería mi propuesta, si estarían ahí o si querían que cantara las canciones de siempre. Cuando veo esa complicidad, cómo descubren otra faceta y responden a ella, me emociono y me sorprendo. Nunca dejo de sorprenderme en esta profesión y el respeto y el cariño de la gente siempre me emocionan y sobrecogen y es maravilloso saber que puedes cambiar de registro, que no hay que tener miedo y que puedes creer en ti. Después de 50 años es un privilegio poder sacar algo que llevaba dentro y que es lo que me gusta: el escenario y el teatro.
—Se sigue emocionando con ese amor y cariño que recibe del público.
—Me demuestra que esos 50 años no han sido en balde. La gente viene a verme y no sabe qué va a ver y es maravilloso porque lo que haces es recoger y ver cómo la gente cree en ti y eso es el respeto por una trayectoria. Esta gira me lleva a pueblos pequeños y ciudades medianas, hemos hecho más de 70 representaciones, y está siendo un gran privilegio y un gran descubrimiento.
—Es cierto, en Ibiza al principio la noticia fue que venía Paloma San Basilio.
—Me he puesto muy pesada porque llevo muchos años con las canciones y los musicales. Yo hablo cuando tengo algo que decir, no para rellenar. Lo que van a ver en Ibiza es algo muy distinto. No es un monólogo, no es un musical, no es un concierto. No sé lo qué es, pero es algo precioso y es una experiencia emocional y también intelectual fantástica y creo que la gente la recibe muy bien.
—Usted también ha escrito libros como ‘Uxoa. El secreto del valle’.
—Es mi tercer libro. El primero era ‘La niña que bailaba bajo la lluvia’ y el segundo fue ‘El océano de la memoria’. El último no es autobiográfico, es una historia que apareció cuando perdí por la pandemia a mi hermana mayor y sentí un duelo muy fuerte y la necesidad de contar cosas desde una casa en mitad de Navarra que se debía reconstruir y eso significaba que es también una forma de reconstruirse a una misma.
—Una dama de los escenarios como usted, ¿qué piensa de las redes y de los productos musicales que aparecen continuamente?
—Es un cambio de paradigma brutal. Las redes tendrán cosas muy buenas, pero yo soy todo lo contrario. No me gusta estar siempre delante y no creo necesario estar compartiendo cosas como ir a comer a un restaurante o ponerme un bikini y que todos me digan que estoy muy bien. Es una frivolidad. No es honesto con el público que tengo. No vivo del escaparate constante y estar en las redes me parece agotador.