«Una rafalera siempre es rafalera, aunque viva en Vila, en Palma, en Barcelona... o en China». Con esa declaración de pertenencia ha abierto este viernes la historiadora Paquita Riera, de Can Pep Jaumet, el pregón de las Fiestas de Sant Rafel 2026. Nacida en el pueblo, donde fue a la escuela y donde sigue viviendo su familia, ha agradecido la elección: «Es un honor muy grande que pensaran en mí para llevar a cabo el pregón y que piensen que soy digna de hacerlo».
Fiel a su oficio, Riera ha dedicado buena parte de su intervención a los orígenes del pueblo, apoyándose en la obra del historiador rafaler Joan Marí Cardona. Ha recordado que fue el primer obispo de Ibiza, hacia 1785, quien decidió crear nuevas parroquias para agrupar a una población dispersa, y que la de Sant Rafel reunía entonces a 660 personas en 142 casas. La iglesia la levantaron los propios vecinos, con su trabajo y sus materiales, y fue la primera de las nueve encargadas en terminarse, en 1795. «Eso sí que fue hacer pueblo. Literalmente», ha señalado.
La pregonera ha subrayado la importancia de los espacios de encuentro en una isla donde el poblamiento disperso siempre ha hecho difícil crear comunidad. Durante siglos ese papel lo cumplió la iglesia, pero con el tiempo otros espacios, no necesariamente físicos, han tomado el relevo, como la asociación de vecinos o la Colla de Sant Rafel. Riera ha cerrado con un tono reivindicativo, pidiendo a los colectivos del pueblo que sigan trabajando para que los vecinos puedan ir «todos a una» cuando vengan malos tiempos, como ocurrió hace veinte años con las autopistas o como hacen ahora los vecinos des Fornàs para preservar uno de los rincones mejor conservados de la isla.
La última Forca de Fang
Tras el pregón, Sant Rafel ha entregado por última vez la Forca de Fang, que en esta edición ha recaído en Paco Guillem. El premio nació en 2008 como una iniciativa de jóvenes del pueblo, y las primeras premiadas fueron dos maestras del colegio de Sant Rafel. Desde entonces ha servido para reconocer a las personas que se dedican a «fer poble», gente que trabaja «en silencio y con humildad». «Poco a poco ha ido creciendo como reconocimiento», ha explicado Toni Palau, que lleva diecisiete años presentando el acto.
El final de este galaradón llega, según Palau, porque «la gente que hemos estado involucrada sentimos que nos han pasado 20 años por encima, y creemos que es hora de dejar el relevo y que hagan cosas personas nuevas».