Hay establecimientos que acaban formando parte del paisaje de un pueblo hasta el punto de que resulta difícil imaginarlo sin ellos. El Centre de Sant Rafel es uno de esos casos. Miquel Tur Serra y Pep Ribas Riera abrieron sus puertas al público el 5 de junio de 1993, después de celebrar la inauguración el día anterior, y más de tres décadas después continúan al frente de un negocio que ha evolucionado con el tiempo sin perder su esencia.
La historia del Centre está además estrechamente ligada a la de otro nombre fundamental de la hostelería de Sant Rafel: el desaparecido Juanito Marge. El que fuera auténtico pionero de la restauración en el pueblo era el propietario del local antes de que Miquel y Pep decidieran embarcarse en su propia aventura empresarial. De hecho, Miquel se había formado profesionalmente junto a Marge en Es Cruce, situado a apenas unos metros del que posteriormente sería el Centre.
«Yo venía de trabajar con Juanito Marge desde que era un niño y el local era suyo», recuerda Miquel. Antes de convertirse en restaurante, aquel espacio había acogido incluso algunas de las fiestas del pueblo, cuando apenas contaba con la estructura y una barra. Una barra que, curiosamente, permanece exactamente en el mismo lugar que ocupa hoy.
Pep también llegó al proyecto después de acumular años de experiencia entre fogones. Comenzó como aprendiz en el desaparecido restaurante Tu Casa, en la carretera de Cala Llonga, en Jesús. «Luego me fui a distintos restaurantes de Sant Antoni antes de ir a hacer la mili. A la vuelta, pasé por distintos restaurantes y un hotel antes de que Miquel me propusiera embarcarme con él en este negocio», explica.
La idea inicial era relativamente modesta: «En principio la idea era montar un restaurante de tapas con algunos platos». Pero el proyecto fue creciendo y evolucionando hasta convertirse en el establecimiento que hoy conocen varias generaciones de ibicencos. Y eso pese a que durante sus primeros años tuvieron prácticamente a las puertas a quien había sido el maestro de Miquel. «Nunca hubo competencia entre nosotros», recuerdan los dos socios cuando hablan de la proximidad con Es Cruce.
Cocina
También ha cambiado la cocina del Centre durante estos 33 años. Al principio eran ellos mismos quienes acudían al mercado para buscar el producto fresco. «Poco a poco empezamos a ir al mercado a buscar, por ejemplo, pescado fresco. Hoy en día es el pescadero el que viene aquí directamente a traernos el pescado», explica Pep.
La evolución de la carta no ha supuesto, sin embargo, renunciar a algunos de los platos que se han convertido en señas de identidad de la casa. Hoy las paellas y el bullit de peix se encuentran entre las elaboraciones más reconocidas del Centre, junto a una cocina que mantiene recetas y sabores de toda la vida.
Algunos platos llevan prácticamente toda la trayectoria del restaurante acompañando a sus clientes. «Hay platos como el pollo al curri que se mantienen desde el primer día», apunta Pep. Otros, en cambio, han acabado desapareciendo con los cambios en los gustos y en los hábitos de consumo. «Hemos dejado de hacer los mejillones rellenos o el pimiento de piquillo, que ya no se consume tanto», señala Miquel.
Las fritas de polp y de porc siguen teniendo su público, al igual que las carnes y los pescados acompañados de las salsas que han preparado tradicionalmente. Y aunque el Centre también abre por las noches, es a mediodía cuando alcanza su momento de mayor actividad. Desde hace cerca de una década ofrecen además un menú de lunes a viernes que se ha convertido en una de las opciones habituales para quienes trabajan o viven en la zona.
«Somos los que echamos el cierre al pueblo al final de la jornada», bromea Miquel.
Terraza
Si la carta ha cambiado, la fisonomía del Centre lo ha hecho mucho menos. La transformación más importante llegó hace apenas un par de años, cuando pudieron instalar finalmente una terraza.
Durante décadas, las mesas convivieron prácticamente con los vehículos que aparcaban delante del establecimiento. «Los coches aparcaban prácticamente sobre las mesas. Casi teníamos que servir las paellas sobre el capó de los coches», recuerdan entre risas.
La llegada de la terraza permitió ganar espacio y comodidad, pero el espíritu del local se mantiene prácticamente intacto.
Y también la clientela. Principalmente ibicenca, ha ido renovándose con el paso del tiempo hasta protagonizar una de las imágenes que más emociona a los dos propietarios: «Ahora vienen los niños que antes traían sus padres en el carrito con sus propios hijos».
Es la mejor prueba de que un restaurante puede convertirse en algo más que un lugar donde comer. En las mesas del Centre se han sucedido familias, grupos de amigos, trabajadores y vecinos durante más de tres décadas. También quedan en la memoria los clientes que ya no están. Miquel y Pep recuerdan con especial cariño a personas como Rafel Marí, que solía acudir con su esposa; los ‘Vinyes’, Bernat, Joan y otros, que llegaban desde Sant Josep, o aquel grupo de señoras mayores que acudía habitualmente desde Vila.
«Son tantos los que nos han dejado...», lamentan.
«Lo son todo»
Si algo consideran imprescindible Miquel y Pep para explicar la historia del Centre es a las personas que han trabajado con ellos. «Ellos lo son todo. Gracias al personal podemos ir adelante», reconocen.
Entre quienes estuvieron desde el principio recuerdan especialmente a Ramon, Pepita, Juanito y Lina, el equipo que les acompañó cuando abrieron aquel 5 de junio de 1993. Más de tres décadas después, algunos de los trabajadores continúan formando parte de esa historia.
Es el caso de Pepe, que lleva «casi 30 años» en el establecimiento, o de veteranos como Nieves y Jesús, este último en la cocina. Junto a ellos, Meri, Clifford y Leo completan actualmente la plantilla.
Son nombres que ayudan a entender la verdadera dimensión de la trayectoria del Centre. Porque si Miquel y Pep han permanecido al frente durante 33 años, también lo han hecho muchas de las personas que han convertido el restaurante en un espacio familiar para sus clientes.
Tres décadas después de aquella primera inauguración, el Centre continúa siendo, en definitiva, un lugar donde se mezclan la cocina, la conversación y la memoria de Sant Rafel. Un establecimiento nacido de la mano de un pionero como Juanito Marge, construido por dos socios que aprendieron el oficio desde abajo y que ha conseguido algo que no resulta sencillo en la hostelería: que quienes un día llegaron de la mano de sus padres regresen ahora acompañados de sus propios hijos.