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Bares de siempre

«Hay tantos negocios que cambian… este no»: 38 años desayunando en el Matinal

El establecimiento de Sant Francesc abrió sus puertas en 1988 de la mano de Josep Marull e Ina Luber y hoy continúa en manos de sus tres hijos

Josep Marull junto a sus tres hijos. | Foto: Toni P.

| Sant Francesc |

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En la isla de Ibiza existe un lugar donde viajar en el tiempo, concretamente hasta un recién estrenado siglo XX, cuando Xicu Tur, de Can Xicu de Sa Torre, abrió su pequeño bar junto a la iglesia de Sant Miquel de Balansat. Sin embargo, la historia de Can Xicu se remonta mucho antes y a miles de kilómetros de Ibiza, en Santa Fe (Argentina), donde el padrino de Xicu, Joan Tur, emigró durante unos años. Allí, trabajando como cocinero, consiguió amasar una pequeña fortuna.

Cuando el desayuno en Formentera era, básicamente, un café con leche condensada y una tostada, Josep Marull e Ina Luber decidieron apostar por algo diferente. El 24 de mayo de 1988 abrían las puertas del Café Matinal, en el centro de Sant Francesc, con una propuesta que hoy resulta completamente familiar pero que entonces era prácticamente desconocida en la isla: desayunos al estilo europeo, con pan, yogur, mermeladas caseras, muesli o salmón. El propio establecimiento explica que nació con la idea de ofrecer un concepto de «Breakfast Brunch Bistró», inexistente por entonces en España.

En aquella época, Josep e Ina ya regentaban dos establecimientos en la Pitiusa del Sur, el Café Públic y el Café de l’Ópera, ambos en es Pujols. El Matinal sería su tercer negocio en la isla y su nombre no fue elegido al azar. Siguiendo la jerga propia del mundo de la ópera, decidieron bautizarlo como ‘Matinal’, en referencia a las sesiones que tenían lugar por las mañanas.

El concepto era sencillo sobre el papel: abrir por la mañana y centrarse exclusivamente en los desayunos. Pero llevarlo a la práctica en la Formentera de finales de los ochenta era otra historia.

«En Formentera no había una cultura del desayuno más allá del café al que se le echaba una cucharada de leche condensada, una tostada y, como mucho, un bocata a la hora del bocadillo», recuerda Marull. Frente a esa tradición, la pareja apostó por una fórmula que hoy se conoce como ‘brunch’, «que no es más que la suma de las palabras ‘breakfast’ y ‘lunch’».

Aquellos desayunos incorporaban productos que no formaban parte de la rutina habitual de las cafeterías de la isla: tostadas con salmón, muesli, distintos tipos de pan, yogur o mermeladas elaboradas en la propia casa. Una filosofía que se mantiene en la actualidad y que forma parte de la identidad del establecimiento, que continúa apostando por productos de proximidad y elaboraciones propias como el pan, las confituras, el yogur o las salsas.

Una apuesta arriesgada

La propuesta gastronómica no fue la única novedad. Josep e Ina cuidaron también al detalle la estética del establecimiento, con azulejos realizados por encargo en Manises, cristaleras procedentes de Sóller y sillas de diseño con carteles de películas vistiendo las paredes.

Una decoración que, lejos de convertirse inicialmente en un reclamo, llegó incluso a generar cierto rechazo. «Al principio asustaba a la gente porque al ver la decoración pasaban de largo pensando que sería un lugar demasiado caro, algo que no era cierto», explica Josep.

Los primeros meses fueron complicados. «Pensamos que nos habíamos equivocado», reconoce Marull. El cambio comenzó con la llegada de la temporada y, sobre todo, con los visitantes europeos.

«Primero empezaron a venir los alemanes y franceses del Café de l’Ópera, que abría por las noches y les recomendábamos que vinieran aquí por las mañanas. A partir de aquí la gente empezó a interesarse y empezaron a venir los curiosos hasta que, de golpe, ¡boom! La gente empezó a venir cada vez más y más».

La apuesta acabó funcionando. Tanto que aquel pequeño establecimiento de Sant Francesc terminaría convirtiendo el desayuno en una de sus señas de identidad. Con el paso de los años, el Matinal se consolidó como un punto de encuentro para residentes y visitantes internacionales, una condición que el propio establecimiento destaca al repasar su trayectoria.

Hecho en casa

Cuatro décadas después, buena parte de aquella filosofía permanece intacta. El pan, también en su versión sin gluten, los yogures y las mermeladas continúan formando parte de una oferta basada en la elaboración propia.

«Siempre que es posible utilizamos productos de kilómetro cero, como por ejemplo los higos, que son de nuestra propia casa», explica Josep.

Detrás de cada jornada hay, además, muchas horas de trabajo que no ve el cliente. «Hay que venir a las seis de la mañana para tenerlo todo preparado a la hora de abrir», apunta Marull.

Una rutina que explica también por qué el Matinal ha terminado construyendo una relación tan estrecha con su clientela. No es únicamente lo que se sirve sobre la mesa, sino la sensación de familiaridad que se ha ido acumulando durante décadas.

Evolución

El establecimiento también ha vivido desde primera fila la transformación turística de Formentera. Y los cambios en el perfil de los visitantes han terminado influyendo inevitablemente en el negocio.

«Con la llegada del boom de los italianos todo cambió bastante», admite Marull. Los primeros años, explica, fueron positivos, pero posteriormente la situación se complicó: «Nos vimos sobrepasados».

Josep recuerda una época en la que comenzaban a ganar peso internet y las redes sociales. «La gente venía pero sin saber muy bien a qué: el local se llenaba pero apenas gastaban». Según su experiencia, aquel nuevo turismo también alteró el ambiente del establecimiento y terminó desplazando a parte de la clientela alemana y francesa que buscaba una estancia más tranquila.

«Con el tiempo supimos reconducirlo y recuperar tanto la clientela como la calma que nos había caracterizado siempre», asegura.

Relevo

La historia del Matinal no se ha quedado en Josep e Ina. Sus hijos Beni, Quim y Jordi han tomado el relevo del negocio familiar después de la jubilación de sus padres. Josep dejó la actividad en 2019 e Ina lo hizo en 2025.

Los tres hermanos se encargan actualmente de la barra y de la atención al público, manteniendo una forma de trabajar basada en la proximidad y el trato personal que se ha convertido en una de las señas de identidad del establecimiento. Poco ha cambiado de una generación a otra, tal vez solo hayan cambiado los carteles de películas que colgaban de las paredes por una exposición permanente de impresionantes fotografías aéreas de Formentera que firma el mismo Beni.

También la cocina ha vivido su propio relevo. Ruth, que trabajó durante años junto a Ina, se ha jubilado y ahora es Ángela, el último fichaje de la casa, quien ocupa su lugar junto a las veteranas Omaira y Natascha.

Es una segunda generación al frente, pero no un cambio de identidad. De hecho, una de las claves que repiten los clientes que llevan años acudiendo al Matinal es precisamente que el establecimiento continúa pareciéndose al que conocieron décadas atrás.

Una clientela de película

Por las mesas del Matinal han pasado también numerosos rostros conocidos. El listado incluye nombres de la cultura, la moda y el deporte como Pedro Almodóvar, Aubrey Powell —‘Po’, miembro de Hipgnosis, responsable de algunas de las portadas de discos de Pink Floyd o Led Zeppelin—, la modelo Martina Klein y su marido, el tenista Álex Corretja, o figuras del fútbol como Hansi Flick, Luis Enrique y Florentino Pérez.

De este último, Josep recuerda incluso una historia que le llegó a través de un cliente: «Alguien me dijo que estaba aquí negociando el fichaje de un futbolista muy importante con el presidente del Milan».

Pero si algo define al Matinal no es precisamente la presencia de famosos, sino la mezcla de perfiles que se sientan cada mañana alrededor de sus mesas. Residentes, visitantes habituales, extranjeros que llevan décadas regresando a la isla y vecinos que lo han convertido en una parada rutinaria.

«Como en mi propia cocina»

Stefano llegó a Formentera hace tres años y el Matinal fue uno de los primeros lugares que conoció. Desde entonces, asegura, se ha convertido en una parte de su rutina.

«Venir al Matinal es la mejor manera de comenzar el día, es como desayunar en mi propia cocina, está como en casa. Tienen comida sin gluten, vegana… es el mejor lugar de la isla. Llegué a Formentera hace tres años, es uno de los primeros lugares que conocí y desde entonces me tratan como a uno más de la familia».

George lleva 25 años viniendo a Formentera y asegura que el Matinal forma parte de todas sus estancias en la isla.

«Siempre que estoy aquí este es el lugar al que vengo cada día. Sus productos son totalmente naturales, los desayunos espectaculares y además no es un sitio caro. Conozco a la familia desde hace muchos años, de hecho ya los considero mi segunda familia, de la misma manera que considero Formentera como mi segunda casa».

Alberto vive en la Mola, pero sigue bajando hasta Sant Francesc un par de veces por semana para desayunar.

«He venido siempre. Tienen un producto de primera calidad, es un lugar familiar y se sigue manteniendo como ha sido siempre. Hay tantos negocios que cambian… este no».

Emanuelle llega desde Suiza y lleva haciéndolo desde 1996. Conoció el establecimiento cuando Josep e Ina todavía estaban al frente de la cocina.

«Siguen manteniendo el trato gentil, el producto fresco y de calidad, además de la serenidad y la tranquilidad de siempre».

Lina recuerda incluso haber sido una de las primeras personas en entrar por la puerta del Matinal.

«Creo que fui de los primeros clientes que entró. Vengo desde el primer día y he seguido viniendo desde entonces, ya sea con la ‘colla’ después de las clases de yoga, sola a tomarme mi cortado o simplemente a decir buenos días».

Para ella, la continuidad familiar es precisamente uno de los grandes valores del establecimiento: «Se sigue manteniendo el mismo ambiente de toda la vida. Los hijos han sabido mantener tal cual lo que construyeron sus padres».

Johana lleva al menos una década acudiendo al Matinal y lo incorporó a su rutina después de entrenar.

«Es el lugar donde venir a tomar un buen desayuno. Uno de los pocos sitios donde desayunar bien, sano y vegano. Un sitio donde te encuentras con gente local y en familia».

Casi cuatro décadas después de aquel 24 de mayo de 1988, el concepto que entonces parecía extraño ya forma parte del paisaje cotidiano de Sant Francesc. El Matinal nació cuando desayunar en Formentera significaba, en buena medida, otra cosa. La isla ha cambiado, el turismo ha cambiado y también han cambiado las personas que se sientan a sus mesas.

Pero hay algo que, según quienes siguen entrando por su puerta, permanece: el desayuno como punto de encuentro, la elaboración casera y, sobre todo, la sensación de que al otro lado de la barra todavía hay una familia que continúa haciendo las cosas como cuando todo empezó.

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1 comentario

user Mariano Guasch Ferrer | Hace 22 minutos

Buff 38 años en Formentera, solo de pensarlo me pone claustrofóbico, eso es una cárcel al aire libre con forma de isla. Si eres de Formentera de generaciones, bueno se puede entender que vivas allí, pero ir de fuera allí a vivir, los tienes que tener bien puestos o directamente estar mentalmente enajenado. Yo la última vez que estuve fue en el 2005. No me interesa ir. Si salgo de la isla de Ibiza, que ya de por si es un lugar pequeño, es para ir a un lugar más grande, no al contrario. Horrible islote es Formentera.

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