Carmen tiene 39 años y hace once que se dedica a la agricultura, ocupación que comparte con su marido en unos terrenos que tienen en el barrio de Can Tomàs. Antes trabajó en una oficina, pero cuando sus suegros se jubilaron decidieron hacerse cargo de las tierras y heredar la clientela. «Teniendo hijos esto es mejor, porque me permite hacer más mi horario», explica Carmen, que en pleno verano trabaja, literalmente, de sol a sol. «Sólo paramos al mediodía porque hace demasiado calor». Es entonces cuando tiene más problemas para compaginar la vida familiar y laboral, aunque habitualmente sus hijas participan en escuelas de verano o campamentos musicales.
Y es que el campo es duro y más si se es mujer. «Hay muchas que viven en la clandestinidad y no se dan de alta, por lo que no tienen las mismas posibilidades que sus maridos. Es importante que ganen independencia», remarca Carmen, que ya es autónoma. «Nosotros nos repartimos el trabajo al 50 por ciento, así como las ganancias y las pérdidas». Ahí es donde entra también el trabajo de la Associació de Dones Pageses, de la que es vicepresidenta y que tiene como finalidad mejorar la calidad de vida de estas mujeres.
Pero lo peor de este trabajo no es su dureza o su dependencia de factores meteorológicos. El principal problema, según Carmen, es que se pasa todo el día prácticamente sin hablar. Porque aunque trabaje con su marido, el terreno es grande y no coinciden demasiado. Otro tema son las ganancias. «Nosotros vendemos al mercado, pero pagan muy poco; los intermediarios son los que se quedan con la mayor parte». Además el campo es muy esclavo, aunque los avances tecnológicos les benefician, porque ahora riegan por ordenador. Eso sí, sólo libran los domingos y si quieren cogerse unas vacaciones tienen que ser cortas y en invierno, que es cuando menos siembran.
Algo distinto es el caso de Maria den Cosmi. Nacida en Corona hace 76 años, es miembro de la asociación, en la que entró para ayudar en lo que pudiera a las más jóvenes «porque lo mío ya no tiene arreglo». Siempre ha vivido en su pueblo donde, junto a su marido, regenta un colmado y un bar. «De joven trabajaba, llevaba la casa y cuidaba cinco hijos en una época en la que no existían lavadoras». Maria reconoce que las cosas han cambiado, porque hace años las mujeres del campo «no tenían ni voz ni voto». «Antes, a la gente que necesitaba dinero se le daba un recibo. Yo lo hacía, pero no podía firmar». Ahora son mucho más independientes, según Maria, que, de todas formas, sigue dependiendo en parte de su familia para moverse, ya que no tiene carnet de conducir. Eso sí, viaja con el Imserso a menudo, aunque su marido no quiera ir. En cuanto al trabajo en las zonas rurales, opina que se tendría retribuir mejor. «El campo se tendría que cuidar mucho más».
En Formentera, Rita Costa es una de las pocas mujeres que forma parte de la asociación. Tiene muy claro que «es muy difícil compaginar el campo con la vida familiar ya que no puede descuidarse, hay que estar pendiente los 365 días al año de una u otra cosa, tanto de los cultivos como de los animales». En su finca hay desde tomates y ajos, hasta pimientos y todo tipo de vegetales, según la temporada, amén de numerosos porcs negres, gallinas y otros animales. Rita comenzó a cultivar el campo, cuando recibió un terreno familiar, al tiempo que, ya que su marido era propietario de un establecimiento de comestibles, «era un sitio idóneo para comercializar los productos que nos proporcionaba la tierra».
Rita opina que para competir con grandes superficies «hay que tener productos de la tierra y éstos son difíciles de encontrar, con lo que o los cultivas tú o difícilmente podrás venderlos y aunque salen más caros, por el trabajo, también son de mejor calidad, no son productos de invernaderos». Reconoce que la actividad en el campo es bastante solitaria pero «te despeja mucho y aunque es duro, cuando ves la producción te sientes muy bien».
La finalidad de la asociación «es beneficiar a la mujer payesa con actividades formativas, conferencias sobre salud y ayudas a la hora de tramitar papeleos, ya que a veces tenemos muchas dificultades de este tipo. Además procuramos que su entorno social sea más amplio e intentamos que las jóvenes se sientan atraídas por este trabajo». G. Romaní/C. Roig