Cuarenta litros de sangría, un gran número de pizzas y dos tortillas gigantes sirvieron ayer de piscolabis matutino a muchos de los turistas y residentes en Santa Eulària que se pasearon por s'Alamera, donde se celebraba la XI Fiesta de la Primavera y la Solidaridad. Tan sólo hacía falta dar un donativo, que irá a parar a la asociación Apfem, para ponerse las botas y, de paso, ser solidarios. Esta es una fiesta que organiza la Associació de venedors i artesans des Passeig de s'Alamera en colaboración con el Ayuntamiento, los comerciantes de la zona y empresas privadas, que cada año invitan a una ONG distinta, a la que van a parar los beneficios que se consiguen con la venta de comida.
Teresa es la que todos los años se encarga de elaborar y servir la sangría en un gran barreño, cuyo contenido vuela nada más colocarlo sobre la mesa. «La fiesta está animada como todos los años», explicaba ayer mientras llenaba generosos vasos. Animando el sarao estuvieron los Kameltow, un grupo que tocó versiones de ayer y de siempre y cuyos integrantes portaban una gorra con el nombre de la formación.
Los vendedores de s'Alamera también celebraban ayer su 27 aniversario. Lito es uno de ellos y lleva allí la friolera de 25 años vendiendo artículos de piel y complementos. Asegura que la cosa ha cambiado mucho desde entonces porque la gente compra cada vez artículos más baratos. «Antes esperábamos mayo y septiembre, que eran muy buenos, pero ahora ya no funcionan tan bien», asegura Lito, que añade que trabajando en el mercadillo se puede vivir dignamente. Leo es otro de los vendedores y lleva desde los inicios en s'Alamera. En estos 27 años, dice que se ha notado mucho «la pérdida de calidad del turismo». «Aquí viene cada vez más gente de oferta». C. Roig