El tráfico restringido al barrio y las obras inacabadas a punto de empezar la temporada, con el polvo y el ruido que generan, son algunos de los problemas que ayer puso sobre la mesa la recientemente constituida Asociación de Vecinos, Comerciantes y Propietarios de Dalt Vila. «La asociación nace debido a las necesidades que tenemos en Dalt Vila. Queremos más calidad de vida», dijo la presidenta de la asociación, Karmen Juan. Así, se refirió al tráfico restringido en el barrio. «No puede subir nadie a vernos, ni nuestros hijos. Es caótico. Hay muchas cosas que te hacen que aquí la vida sea muy desagradable», añadió la presidenta.
Además, aseguran que trastoca muchas cuestiones de la vida, como el desplazamiento de un técnico para reparar un electrodoméstico. «Para arreglar una lavadora, el técnico ha de subir para dejar las herramientas, dejar el coche abajo y luego subir. ¿Eso es normal», se pregunta Pepita Ferrer, vicepresidenta. Francesc Reus, otro de los integrantes de la junta, lamentó que «no se cuente con los vecinos, que vive gente y que desde septiembre no puede pasar con sus compras; el Ayuntamiento no lo ve como un problema porque ellos tienen un parking. Se han de hacer las obras, pero con un poco consideración para la gente que vive aquí».