Negociar con una persona que está a punto de suicidarse, acompañar a los familiares de una víctima de un accidente de tráfico o minimizar la angustia en casos de desaparición de personas. Éstas son algunas de las labores que desempeñan los nueve profesionales que integran el grupo de psicólogos de emergencias de las Pitiüses, que coordinan Minaya Benavente y Montserrat Rovira, y que desde el uno de enero trabajan a través de guardias las 24 horas y los 365 días del año para ayudar a quien lo necesite. Hasta ahora han actuado en pocos casos, pero esperan que las intervenciones sean mucho más numerosas a partir de ahora, ya que a finales de mayo presentaron el servicio a las fuerzas de seguridad. «En Mallorca existe ya desde hace años», explican las dos coordinadoras, que han tenido que hacer cursos de formación para saber afrontar una labor tan dura. «Nosotros también somos humanos y lo que vemos nos afecta y por eso nos tenemos que preparar para tener más recursos y saber transmitir la información de la mejor forma», explica Benavente, que asegura que, de todas formas, siempre pueden pedir ayuda o consejo al grupo de psicólogos de Mallorca, que lleva años de experiencia en el tema.
Por ahora se han tenido que enfrentar a varias situaciones duras, como por ejemplo la desaparición de un hombre. «En este caso terminó con final feliz, pero estuvo un día desaparecido y la incretidumbre es muy grande», aseguran estas dos profesionales, que indican que lo primero que hacen al llegar a casa de la familia afectada es observar la situación e intentar trabajar con la persona que muestre más dolor o que esté más «receptiva». En el caso de la desaparición de este hombre, lo que hicieron los psicólogos fue trabajar como enlace entre el equipo de rescate y la familia. «Intentamos informarles nosotros, porque hay situaciones muy duras; por ejemplo la muerte de un hijo, en ese caso el procedimiento habitual es que la policía llame a los padres y se lo digan y lo hacen como buenamente pueden, pero nosotros lo que intentamos es que no sea tan duro, que el afectado sepa que puede pedir ayuda». Otro de los procedimientos habituales, por ejemplo en los accidentes de tráfico, es intentar retirar a los familiares del lugar de los hechos, para que eviten las imágenes que les puedan ocasionar un trauma mayor. «También se fomenta que hablen, para que suelten lo que llevan dentro», agrega Rovira, que explica también que en caso de muerte intentan que los familiares comiencen a hacerse a la idea.
C. Roig