C. ROIG
La de Santa Bárbara fue la primera de Eivissa en iniciar una experiencia que parece que poco a poco se irá ampliando a más canteras inactivas. La finalidad está clara: conseguir regenerar con residuos inertes de obras un espacio degradado del que durante años se han extraído áridos. Un año después de que se inaugurara, los resultados son positivos, aunque no tanto como esperaban sus impulsores. En 2005 se depositaron en este espacio 60.000 toneladas de este tipo de residuos procedentes de la construcción, mientras que en lo que llevamos de 2006 la cifra alcanza las 30.000.
Antoni Ribas, representante de Reciclajes y Derribos Santa Bárbara S. A., explica que pese a que los números no son tan buenos como esperaban, confían en que cada vez más constructores y transportistas opten por utilizar la cantera. «Las autoridades cada vez son más estrictas y vigilan más los vertederos incontrolados», señala Ribas, que confía más en la labor de control que en la concienciación de la gente. Y es que tirar las ruinas en cualquier lugar del campo es más barato -en Santa Bárbara cuesta seis euros por tonelada-, aunque a veces no es más fácil. «En ocasiones es más complicado dejar una lavadora en un torrente o un bosque, con ese furtivismo, nocturnidad y alevosía, que dejarla al lado del contenedor», añade Ribas.