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Cuando la justicia necesita traducción

Intérpretes oficiales u ocasionales trabajan para la Justicia cuando el idioma se vuelve un obstáculo para juzgar a un detenido

Traductores titulados, intérpretes por vocación o personas oriundas del país del detenido que sepan hablar español. Muchos son los casos que los Juzgados de Eivissa deben atender de gentes de lenguas extranjeras y muchas son las formas también de encontrar a quien pueda hacer posible la comunicación entre éstas y la Justicia: cruzar al restaurante chino para buscar a alguien que sepa traducir el mandarín, acudir a la agencia de viajes de al lado donde trabaja una joven de rumana, o llamar de urgencia a todas las personas de habla árabe que se ofrecen para traducir hasta dar con alguien que, en media hora, como mucho, pueda asistir al detenido. Chinos, árabes, rumanos, alemanes y españoles. Bilingües y políglotas que por una causa comenzaron a colaborar y continuaron trabajando junto a los abogados, fiscales y jueces que deben sortear esa barrera infranqueable en la que muchas veces se convierte en idioma.

Por un lado, los Juzgados de Eivissa tienen a sus intérpretes dados de alta para los idiomas francés, inglés, alemán e italiano. Por el otro, tienen además una larga lista de colaboradores de diferentes nacionalidades a los que llamar, si la causa va por otras lenguas.

En el primer grupo se encuentran Laura Mesanza y Petra Derra, que desde el año 2001 tienen su despacho de traducción en Eivissa llamado Derra/Mesanza. Laura es madrileña y Petra, alemana, y ambas son intérpretes juradas reconocidas por el Ministerio de Relaciones Exteriores: «Como un notario a la fe pública somos nosotras a la traducción. Tenemos el suficiente nivel de derecho, en mi caso, anglosajón y español, para hacer traducciones en inglés y castellano», explica Laura, desde su oficina, momentos antes de acudir al juzgado. «Todo el trabajo que hacemos allí es confidencial. Ellos te avisan que hay un asunto de interpretación y te dicen que estés en los juzgados a una hora determinada, nada más. Una vez allí puede ser un juicio, una aclaración o un registro en una casa donde quieren encontrar algo», agrega la intérprete, que define en pocas palabras en qué consiste su trabajo con la Justicia: «El intérprete es un mero canal de intermediación de mensajes, entonces, hay que estar concentrado para no intuir, no añadir y no quitar nada al mensaje que te llega».

Su socia, Petra, también es intérprete jurada para castellano y alemán. Y aunque asegura que su trabajo le gusta mucho, reconoce también que llega a ser muy duro: «Hay que tener en cuenta que a veces estás con gente que está acusada de violación, de robo con fuerza o de maltrato a su pareja, y que tu estás entre esa persona y el juez. Esa persona, en principio, confía en ti, porque sabe que eres la única que le entiende y por eso te quiere explicar su vida y su historia. Y eso emocionalmente es mucho», comenta Petra, que una vez llegó a involucrarse personalmente en una de estas historias: «En el verano del 2005 me llamaron para asistir a una señora inglesa que estaba con su hijo de diez años y al final resultó que la imputaron. Después la ingresaron por un episodio paranoico y tuvieron que apartar al niño. Lo llevaron al centro de acogida en Santa Eulària y la verdad que todo fue muy dramático. Y mientras la madre estaba ingresada fui a verle con mi hijo y le llevamos de paseo. Al cabo de cinco días el viceconsulado pudo contactar con su padre y lo vinieron a buscar».

Luciana Aversa

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