CONCHA ALCÀNTARA
-¿Cómo ha evolucionado la Oficina de la Dona?
-Ha ido evolucionando en función de la sensibilización y el cambio de ley que ha habido en cuanto a los malos tratos. Empezamos con un programa de malos tratos y hemos incorporado otros programas. Nos ha marcado, sobre todo, la ley integral contra la violencia.
-Mencionaba recientemente que faltaba coordinación con las Fuerzas de Seguridad.
-Tenemos una buena coordinación porque facilita que Eivissa y Formentera sean lugares más pequeños, pero cuando una mujer denuncia es muy rápida la respuesta judicial y quizás se dejan de lado los aspectos psicológicos. No es suficiente con la parte judicial porque las secuelas de los malos tratos son a largo tiempo. Hay que ponerse a trabajar para coordinarnos mejor con el juzgado de violencia para que llegue mejor la información.
-Pese a toda la publicidad y la entrada en vigor de la ley, los casos de maltrato siguen.
-El libro «Violencia: tolerancia cero» marca muchas de las bases de por qué perdura la violencia contra las mujeres. Hay una base social, cultural y de sociedad patriarcal que perdura, que hace que se mantenga el maltrato. Por mucha tirita que pongamos a la mujer maltratada si no trabajamos en la prevención y en la sensibilización no se va atajar. El maltrato es un tema de desigualdad entre hombres y mujeres. Hicimos una encuesta en los institutos hace unos años y se veía cómo perduraban y estaban marcados todos los roles masculinos y femeninos. Estamos todavía en pañales y el trabajo tiene que ser por ahí. Evidentemente siempre se ha de atender a la mujer que ha sufrido violencia y también al hombre como agresor, pero después está una base de cómo nos educamos, nos socializamos y qué perdura en plan de desigualdad entre hombres y mujeres.
-¿Hay situaciones que le siguen sorprendiendo de su trabajo en la Oficina de la Dona después de nueve años?
-Después de nueve años todavía hay días en los que tengo que contenerme emocionalmente en algunos casos. Pienso que eso es bueno porque eso significa que sigo sensibilizada con todo este problema y tiene que ser así. Todavía atiendo casos que me dejan horrorizada, tanto en malos tratos físicos como en los psicológicos. Desde que soy madre me da por pensar dónde estaban los niños en ese momento en el que la víctima me está contando un episodio de violencia. Le pregunto y me dice que los niños estaban durmiendo, que no se han enterado de nada pero te imaginas aquello a gritos.
-¿Se repite el patrón de padres maltratadores, hijos maltratadores?
-Sí, eso es difícil. Los patrones de violencia, tanto en víctimas como en agresores, se aprenden. En tu socialización, con tú familia, lo que vas viendo tiendes a repetirlo. Una madre víctima que soporta todo eso dice 'yo lo hice por mis hijos, por no desbaratarles toda su vida', pero eso no es. Lo que mejor puede enseñar una víctima de malos tratos a su hijos es que sale de ahí y que eso no es lo normal. Un niño que no ha visto nada más en su casa ve normal que los padres griten, que haya un golpe con lo cual una niña va a buscar un tipo de patrón de pareja que la quiera así: sumisa, aguantando, obediente. La mejor lección para sus hijos es que la mujer salga de ahí y lo supere. También sería una buena lección que el padre reconociese y quisiera cambiar pero, de momento, los tratamientos a agresores no dan muy buen resultado.
-¿La Oficina de la Dona dejó de aplicar un programa de agresores por esa razón?
-No vimos que hubiera un cambio significativo en los hombres que venían voluntariamente. No reconocían la culpa y el daño que ha hecho.
-¿Qué opinan los agresores?
-Las culpan a ellas y te dicen 'es que tú no la has visto cómo se pone, cómo me grita y qué me dice, cuando exploto es porque no puedo más con lo que me dice'.
-¿Qué piensa de las mujeres que denuncian pero luego la retiran en el juicio?
-Son mujeres que aún no están preparadas y tienen un enganche emocional muy fuerte y, posiblemente, mucho miedo de lo que puede ocurrir después.
-¿Cree que hay un uso de la ley por parte de determinadas mujeres para conseguir otros fines que no son la protección?
-Es verdad que puede ser un arma de doble filo, pero no quiero que se tenga esa idea. Quiero que la gente que no conozca estos temas se quede con esta idea porque hay muchas mujeres que necesitan esa protección y esa ley para que ellas puedan salir. Las 68 mujeres muertas de este año son una realidad, no una mentira, por lo que es necesaria esa ley. Si alguien hace otro uso, ahí está el fiscal y el juez para que actúen. Si no hay suficientes pruebas de maltrato se archivan.
-¿A dónde va la Oficina de la Dona?
-Creo que hay ir trabajando en programas preventivos, de igualdad entre hombres y mujeres. La Oficina debería mantener, evidentemente, la atención a víctimas y después seguir trabajando en programas como punto de encuentro o mediación familiar, que son herramientas muy preventivas para que no se repitan roles, actuaciones violentas entre padres y madres y que la pareja aprenda a solucionar sus conflictos de una forma más pacífica.