La llegada de la temporada estival viste de gala las calles de Eivissa con miles de personajes variopintos llegados de muy diversos puntos del mundo que contrastan con la tradición y la cultura más arraigada de las Pitiüses.
En este sentido, la Marina es uno de estos barrios donde la metamorfosis se hace más evidente durante los meses de verano, pues las, en invierno, habitualmente solitarias vías de piedra y azulejo observan cada noche el desfile de artesanos, trabajadores de los bares y restaurantes de la zona y jóvenes que promocionan las últimas discotecas de moda.
Allí se puede encontrar a Lola Martínez, una de las más veteranas del barrio, pues desde hace 32 años y como muchos otros compañeros instala su puesto de artesanía de cuero y cerámica en la zona ofreciendo a los visitantes coloridas pulseras y collares. «Tenemos que aprovechar el verano, porque luego en esta zona no hay nada», explicó. Otros trabajadores del barrio son el italiano Yakole y el uruguayo Diego, dos camareros de uno de los bares de más tradición en la Marina: La Estrella. Ambos cambian su residencia habitual por un verano en Eivissa movidos, según aseguraron, por «su magia». No obstante, si hay algo que caracteriza especialmente las noches de verano en la Marina son los llamativos pasacalles de las discotecas en los que no faltan las acrobacias, las performances y las bellas bailarinas. Irene Luján