Ibiza ha conseguido en 2025 algo que hasta hace poco parecía incompatible en los grandes destinos turísticos europeos: reducir de forma significativa la presión humana sobre su territorio sin sacrificar actividad económica ni atractivo turístico. Así lo explicó el conseller de Lucha contra el Intrusismo del Consell d’Eivissa, Mariano Juan, durante unas jornadas de la red europea NECSTouR celebradas a principios de diciembre en Bruselas, donde la isla fue presentada como un caso de estudio en sostenibilidad aplicada al turismo.
El dato que marca el punto de inflexión es la caída histórica del Índice de Presión Humana (IPH), el indicador que mide cuántas personas están realmente presentes cada día en la isla. Entre junio y septiembre de 2025, la presencia media diaria se redujo en 13.366 personas respecto al año anterior, un descenso del seis por ciento en plena temporada alta. En agosto, tradicionalmente el mes más crítico, la reducción alcanzó casi las 19.000 personas diarias, situando la presión en niveles similares a los de 2014, pese a que la población residente ha crecido en más de 30.000 personas desde entonces.
Lo relevante es que este descenso no se ha producido en un contexto de contracción económica. Al contrario: la ocupación reglada aumentó un ocho por ciento y el gasto turístico alcanzó los 4.473 millones de euros en los diez primeros meses del año, superando ya el total de 2024. Ibiza fue, además, la única isla balear que redujo pernoctaciones en temporada alta, mientras Mallorca, Menorca y Formentera registraban incrementos. Un contraste que, según el Consell, confirma que la caída del IPH responde a decisiones internas y no a una pérdida de competitividad del destino.
Tres factores
La explicación se encuentra en la combinación de tres factores estructurales. El primero es la eliminación de miles de plazas de alojamiento ilegal que durante años generaron más de 1,6 millones de pernoctaciones anuales fuera del sistema reglado, inflando artificialmente la presión sobre el territorio. El segundo es la regulación de la afluencia de vehículos mediante la Ley 5/2024, que permitió reducir en más de 32.000 los vehículos presentes entre junio y septiembre sin afectar al número de pasajeros. El tercero es la mejora del diagnóstico: por primera vez, Ibiza dispone de datos integrados y comparables que distinguen entre presión turística legal, presión irregular, presión demográfica y movilidad laboral.
En un territorio insular de solo 571 kilómetros cuadrados, con recursos limitados y una fuerte dispersión residencial, pequeñas variaciones de población tienen efectos inmediatos sobre la movilidad, el consumo de agua, la generación de residuos o el acceso a la vivienda. De ahí que la eliminación de pernoctaciones irregulares haya tenido impactos ambientales directos: un ahorro estimado de 0,4 hectómetros cúbicos de agua en temporada alta y una reducción de alrededor de 1.600 toneladas de residuos al año.
La lucha contra el intrusismo ha sido clave en este proceso. Ibiza cuenta con una singularidad normativa: el uso turístico nunca ha estado permitido en edificios plurifamiliares, lo que ha facilitado una actuación contundente tanto por vía turística como urbanística. A ello se suma la firma de memorándums de entendimiento con las principales plataformas digitales, que han pasado de ser intermediarios pasivos a colaboradores activos en la retirada de anuncios ilegales.
Otro de los ejes del modelo es la movilidad. Los datos obtenidos tras la entrada en vigor de la Ley 5/2024 revelan que la congestión veraniega no está causada principalmente por turistas semanales, sino por la movilidad asociada a trabajadores temporales externos y por una flota de alquiler sobredimensionada. Regular estos flujos, sin impedir la llegada de personas, ha permitido estabilizar la circulación en los meses críticos.
Todo ello se apoya en una estructura de gobernanza singular: una dirección política única que integra ordenación del territorio, turismo, movilidad e inspección, y una gobernanza multinivel que coordina Consell, Govern balear, ayuntamientos, plataformas y sector privado. La clave, subrayó Juan en Bruselas, es haber pasado de gestionar el turismo desde percepciones a hacerlo desde evidencias.
El mensaje lanzado ante las instituciones europeas es claro: reducir presión territorial no significa reducir turismo, sino corregir distorsiones. Ibiza demuestra que la sostenibilidad puede ser una herramienta de competitividad cuando se basa en datos, coordinación institucional y decisiones estructurales. Un modelo que, según el Consell, no es excepcional, sino replicable para otros destinos europeos que buscan equilibrar economía, territorio y calidad de vida.
Estos estan mas perdidos que un gorrino en una perfumeria, querian hablar de otro sitio y se han confundido, pobres, en fin… se delatan ellos solos…