Un nuevo capítulo en el libro de la historia de asentamientos de la isla de Ibiza se escribió este martes por la mañana con el desalojo judicial de sa Joveria, a escasos metros del Recinto Ferial. Sin un conteo oficial total, y según los testimonios de quienes han vivido ahí durante meses o, incluso, años, entre doscientas y trescientas personas han convertido de ese solar su lugar de residencia, convirtiéndolo así en el de mayor extensión de la isla por número desde el primer desalojo de Can Rova.
Sin embargo, pocas de ellas quedaban en la mañana de este martes cuando puntuales, las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado, junto a la primera máquina retroexcavadora, entraron en el asentamiento de manera puntual, a las 10.00 horas. Así lo marcaba la autorización judicial obtenida por el Ayuntamiento de Eivissa para proceder a la entrada, desalojo y limpieza en la parcela número 7 de sa Joveria.
El desalojo era conocido por la inmensa mayoría de los moradores, lo que ha portado precisamente a que las últimas horas previas al punto y final del asentamiento haya transcurrido con relativa normalidad. Es posible que la experiencia del primer desalojo de Can Rova, en la que se actuó con enorme contundencia por parte de los antidisturbios contra las últimas familias que ahí habitaban, haya servido para que el proceso se haya realizado este martes de una manera mucho más relajada por parte de todo el operativo.
Los testimonios
Con lágrimas en los ojos, y sin ocultar su enfado ante una situación que califica de «lamentable», uno de los primeros moradores -que prefiere no dar su nombre- abandona el asentamiento poco antes de las 11.00 horas. Desesperado, clama «no tengo antecedentes, no he estado en la cárcel y nadie me está ayudando», asegura este hombre, chófer de profesión. Le ha pedido ayuda a la empresa para la que trabaja, sin ningún resultado. Originario de Marruecos, estuvo residiendo en Murcia donde marchó por la falta de trabajo, pero permanecen sus cuatro hijos. La situación, en su país, es todavía peor, asegura. También lo es la de algunos de sus compañeros de asentamiento, comenta, puesto que muchos de ellos «no tienen papeles, que yo sí tengo». Ha estado cuatro meses en este terreno, que abandonó de forma pacífica, pero «marcado por el dolor de no tener donde ir».
Otro de esos últimos residentes abandona el lugar apenas unos minutos después de las once de la mañana. «Nos han dicho que es un sitio privado y no podemos estar y tienen razón. Pero nosotros también tenemos razón. Queremos trabajar, pero no tenemos un sitio donde vivir», asegura.
Este joven, de apenas una veintena de años, asegura que sí ha acudido a los Servicios Sociales ofrecidos por el Ayuntamiento de Eivissa a la puerta del asentamiento, pero que no le han ofrecido una alternativa habitacional para pasar la noche. Cuenta que le han ofrecido «pagarme los billetes para volver a Bilbao, ya que tengo familia ahí», pero que él lo que quiere es poder acceder a una vivienda en la isla.
Él ha sido uno de los últimos en llegar, con apenas dos meses en la isla y, por consecuente, en sa Joveria. Ello no ha impedido que «esta noche no he podido dormir pensando en dónde podría ir».
Ahmed regresa a media mañana al lugar en el que ha estado viviendo desde hace dos años, cuando llegó a España mediante una patera, y que ha abandonado de manera definitiva esta misma noche. Saharaui de origen, asegura haber venido a Ibiza «para trabajar», y haberse encontrado una vez aquí con que «no hay un sitio para vivir. Me están pidiendo 600 euros al mes por compartir una habitación». Reivindica el espíritu de una gente «que no hace nada malo, no delinque, no roba...». Ahora se pregunta dónde va a dormir.
Zineddine es la última persona en abandonar el terreno y poner así, punto y final, al asentamiento de sa Joveria, poco antes de las doce y media. Según cuenta, llegó desde el Sáhara hace ya tres años y terminó viviendo en una chabola «porque me pedían 800 euros por compartir una habitación». Él trabaja tanto mañana como tarde en la cocina de un hotel ubicado en Santa Eulària, al que le ha pedido ayuda para obtener una habitación, sin ningún éxito.
El asentamiento de sa Joveria era muy diferente cuando él llegó. «Había unas 70 personas en ese momento», una cifra muy distinta a la que, asegura, ha llegado a haber «hemos llegado a ser unos 300».
Otro desalojo
Del desalojo han quedado excluidos las caravanas ubicadas en la zona más cercana al hospital Can Misses. El motivo no ha sido el tipo de infravivienda -chabolas frente a caravanas-, sino la titularidad del terreno. El desalojo ha llegado hasta los límites de la parcela número 7, excluyendo a esas autocaravanas.
Sin embargo, la tranquilidad para esos moradores durará poco. Y es que para el próximo 29 de abril el Ayuntamiento de Eivissa cuenta con una orden para ejecutar, esta vez sí, el desalojo de este asentamiento. Ese día está previsto, por tanto, un nuevo desalojo en Vila.