Las mesas de la biblioteca de Can Ventosa se llenan en estos días en mayor medida que en cualquier otro momento del año. Apuntes subrayados, auriculares a medio poner, miradas perdidas en el techo entre párrafo y párrafo son habituales en la mañana de este lunes, la última antes de la convocatoria ordinaria de junio de los exámenes de selectividad.
Cada alumno que ocupa una silla lleva consigo el peso de años de estudio concentrados en unas pocas horas que, en buena medida, marcarán su futuro. Este martes llevarán a cabo la primera de sus tres jornadas de selectividad, que comenzará con las pruebas de lengua castellana y filosofía o historia de España, según lo que cada uno de los alumnos escoja.
A apenas unas horas de que comiencen sus exámenes, cada cual tiene su ritual de última hora, su forma de enfrentarse a esa mezcla de agotamiento y adrenalina que caracteriza las vísperas de un examen que no admite segunda vuelta —al menos, no sin coste. Sin embargo, en medio de esa tensión, también hay ilusión por una etapa muy dura que está a punto de concluir para ellos.
En una de las mesas de la parte de abajo de la biblioteca de Can Ventosa se organizan un grupo de cuatro amigas: Rachel, Shanta, Sofía y Ainhoa, todas ellas del instituto Santa María. Al ser preguntadas por cómo ven sus exámenes de selectividad, ríen con cierto nerviosismo: «no sobradas, pero tampoco vamos mal», asegura la primera.
Sus futuras carreras universitarias, psicología, enfermería, diseño digital y matemáticas respectivamente, les aguardan, con unas notas de corte que varían según la ciudad de destino. Pese a ello, los nervios no están tan presentes por el momento entre ellas «pero mañana cuando llegue el momento, seguro que sí que lo estaremos», asegura una de ellas.
Justo en la mesa de al lado se encuentran Jaume y Juan, del instituto Mestral. En la mañana de este lunes se encuentran repasando sus apuntes de tecnología. Ambos aspiran a convertirse en ingenieros, una carrera «con una nota de corte no tan elevada como otras, en torno al 10 y medio», asegura Jaume.
Ambos están dedicándole en estos últimos días «unas 8 horas de media al día» al estudio, para tenerlo todo preparado para estos últimos días. Un proceso que se les está empezando a hacer pesado, y que enfocan ya «con cierto nerviosismo».
La parte de arriba de la biblioteca de Can Ventosa también está copada de alumnos que repasan, quizás por última vez, sus apuntes de su etapa en el instituto. Entre ellos, Lucas, del instituto Sa Blanca Dona. Estructurado en su formación, asegura que comenzó «haciendo un horario de estudio por temas de todos los días antes de la selectividad, que he ido adaptando según como lo llevaba».
Asegura verse bien preparado en general para los exámenes que comienzan este martes, aunque «la literatura de las lenguas y física es lo que más me está contando». Él quiere ser veterinario, una carrera con una nota de corte muy elevada: «tendría que sacar muy buena nota para poder acceder a ella», asegura, motivo por el cual le dedica cuatro horas por la mañana y cuatro horas por la tarde al estudio. Pese a todo ello, asegura no estar nervioso «llevamos todo el curso preparándonos para esta semana».
Roco, también del instituto Mestral, llega a dedicarle también «entre 8 y 9 horas» al estudio en estos últimos días, en un proceso que llega a resultarle ya pesado. Los nervios están más que presentes en él, puesto que necesita una gran nota para acceder a arquitectura, la carrera que quiere llevar a cabo en un futuro, si la nota se lo permite.