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Borrones y tachadura

Nadie cambia un bulevar por un edificio de aparcamientos

Rafa Triguero con los vecinos de sa Real. | Foto: R.I.

| Ibiza |

No es habitual que un político dé marcha atrás cuando tiene una idea en la cabeza, menos aún si es una obra pública. Por eso, la decisión anunciada por el alcalde de Vila, Rafa Triguero, de renunciar al aparcamiento de Sa Real merece ser valorada. No porque el proyecto fuera malo, sino pésimo, porque hoy en día nadie en su sano juicio cambiaría un bulevar por un edificio de aparcamientos, sino porque llegó un momento en que resultó evidente que una parte muy importante del barrio no lo quiere. Y gobernar también consiste en escuchar. Por suerte, no todos los políticos padecen sordera.

Los vecinos se movilizaron, protestaron, acudieron a los plenos y consiguieron su objetivo. Han ganado la batalla. Y eso también dice cosas buenas de una sociedad que no se resigna cuando considera que una decisión pública puede perjudicar su entorno. El Ayuntamiento defendía que el aparcamiento ayudaría a resolver problemas de movilidad y estacionamiento en la zona. Pero los vecinos no estaban dispuestos a perder un bulevar peatonal para que en su lugar se edificase un edificio de tres alturas repleto de coches. Al final, la presión social ha acabado inclinando la balanza. Falta menos de un año para las elecciones. Tonterías, las justas.

Ahora bien, una vez celebrada la victoria vecinal, conviene hablar también de otra cuestión que algunos parecen empeñados ocultar, como ocultaron sus propios proyectos de macroaparcamientos.

Porque resulta divertido ver al PSOE convertido en abanderado de la lucha contra los aparcamientos. Cuando gobernaron la ciudad de la mano del ínclito Rafa Ruiz, manejaban proyectos bastante más ambiciosos que el de Sa Real. No uno sino dos grandes aparcamientos subterráneos en pleno centro de Ibiza, con hasta tres plantas bajo tierra y una inversión estimada de 38 millones de euros. Y no precisamente en un solar cualquiera, sino en espacios tan sensibles como el Parque de la Paz y el entorno de los juzgados.

La diferencia es que aquellos proyectos apenas fueron conocidos por la opinión pública. No hubo manifestaciones, ni pancartas, ni ciudadanos enfadados en el salón de plenos de Can Botino. No hubo movilización vecinal porque nadie sabía nada de esos proyectos.

Por eso la principal lección de todo este episodio quizá no tenga que ver con el parquin frustrado de Sa Real. La verdadera enseñanza es que la coherencia sigue siendo un bien escaso en política. Está muy bien ponerse al lado de los vecinos cuando protestan. Lo que ya resulta más complicado es explicar por qué los aparcamientos eran una magnífica idea cuando los proyectaba uno mismo y se convierten en un atentado urbanístico cuando los impulsa el adversario.

Los vecinos han ganado. Han doblegado al Ajuntament d’Eivissa y han obligado al alcalde Triguero a rectificar. Eso es mucho más de lo que ciertos políticos de izquierdas son capaces de hacer. Ellos jamás se equivocan y, por tanto, jamás rectifican. Nunca hay nada que corregir ni mejorar, porque la perfección les adorna. Ganen o pierdan elecciones, siempre dicen haberlas ganado y tener detrás de sí a la mayoría social respaldándoles.

Ustedes están hartos de verlos, incluso cuando esconden sus planes y sus planes en los cajones. O cuando desde la sede del PSOE arman, como lo haría la mafia, tramas para destruir la reputación de jueces, fiscales, policías y guardias civiles. Pronto los veremos desfilar ante el juez.

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