Ibiza ha entrado de lleno en los días más duros del verano, con los termómetros rozando los 37 grados durante la jornada de este lunes. Y es que la Aemet activó este domingo y hasta este martes la alerta amarilla por altas temperaturas, que alcanzan los 37 grados y con mínimas que superan los 24 grados por la noche.
Mientras miles de turistas buscan el refugio del mar o del aire acondicionado, los trabajadores de la isla, especialmente aquellos que realizan su labor al aire libre, se enfrentan a jornadas laborales de condiciones exigentes. La hidratación constante, las pausas programadas y la adaptación de las jornadas son las únicas herramientas para combatir un calor que muchos definen ya como «insoportable».
Construcción
A pie de obra del parking disuasorio del Recinto Ferial, el polvo empeora la sensación térmica. Raúl, un trabajador del sector de la construcción, relata la dureza de estas semanas: «Lo estamos llevando de una forma muy dura. La empresa nos obliga a llevar una vestimenta larga por seguridad y no podemos ir en pantalón corto, obviamente». Para poder responder en el ‘tajo’, la plantilla se ve obligada a beber agua de manera continua: «Nos hidratamos de rato en rato para estar bien».
A pesar de las condiciones extremas, Raúl apela a la resiliencia del trabajador obrero: «Al final hay que trabajar por necesidad. El cuerpo se termina acostumbrando a esta situación y lo llevamos adelante con fuerza, pensando en nuestras familias y en aportar a la sociedad».
Para evitar accidentes graves como los golpes de calor, los encargados han establecido pausas obligatorias: «Nos tomamos un descanso de media hora a las 11.00 horas y luego otros 10 minutos a las 13.00 horas. Además, nos cubrimos con gorras». En caso de emergencia, el protocolo de la empresa es directo: llamar a Can Misses de inmediato, comenta uno de los constructores del parking disuasorio, mientras se ríe, haciendo alusión a que realmente trabajan muy cerca del centro médico.
Jornada intensiva y control de alertas meteorológicas en el exterior
La organización de los horarios resulta clave para proteger a las plantillas en los momentos más críticos del día en los trabajos a la intemperie.
Mohamed Filali detalla que la prevención ante el termómetro está totalmente pautada en su puesto: «El protocolo de golpe de calor lo tenemos ahí en la caseta, con todos los planes a seguir». La medida más eficaz para los operarios expuestos a la radiación solar directa consiste en recortar las horas de máxima insolación mediante turnos específicos: «Los que están trabajando fuera hacen jornada intensiva y a las 13.00 horas ya se van. Los que están dentro de la sombra sí que trabajan el día entero». Además, el horario de retirada se adapta estrictamente a los avisos oficiales de los servicios de meteorología para evitar riesgos innecesarios: «Si estamos en alerta roja terminamos a las 12.00 horas; si tenemos alerta naranja, pues terminamos a las 13.00 horas o a las 14.00 horas».
Descansos cada dos horas y ropa larga en el sector servicios
El testimonio de Keiner Abarca refleja la disciplina y la previsión material que requiere realizar tareas bajo el sol del verano ibicenco. Ante la fuerza de las altas temperaturas, la estrategia para mantener el ritmo se basa en la constancia y el respiro físico: «Toca estar refrescándose mucho y hacer un descanso de unos cinco o 10 minutos cada dos horas para poder respirar, tomar el aire y seguir trabajando».
A pesar del bochorno, la indumentaria larga es indispensable para proteger la piel de los rayos UV, combinada siempre con «mucha crema solar». Para evitar que la deshidratación pase factura en mitad de la jornada, el equipo recurre a la refrigeración continua: «Tenemos una nevera con mucho líquido y bastante agua; bebemos a cada media hora o cada hora para protegernos, hidratarnos y no sufrir enfermedades a posteriori».
Camareras de piso: la humedad invisible dentro del hotel
El esfuerzo físico de las camareras de pisos también se multiplica con la ola de calor. Juliet, que trabaja en las instalaciones de un complejo hotelero de la isla, asegura que la situación dentro de los establecimientos es muy complicada: «La temperatura está terrible tanto en el interior de las instalaciones como fuera; el calor y la humedad que se sienten son impresionantes».
Como protocolo preventivo, el hotel intenta mitigar el impacto ambiental en las zonas más expuestas: «Se recomienda a las camareras que, cuando limpien las zonas de terrazas, cierren las puertas grandes y enciendan el aire acondicionado para poder trabajar un poco más a gusto dentro de lo que cabe». Juliet recuerda que ella misma sufrió un golpe de calor en temporadas anteriores en otro establecimiento: «La empresa actuó rápido colocándome mucha agua fría en la cabeza y dejándome descansar al aire libre un rato».
Hostelería: «A 40 grados, los toldos y el aire no dan abasto"
En el sector de la restauración, la llegada del verano transforma las terrazas en auténticos hornos. Denis, encargado de un restaurante local, señala que las medidas habituales se quedan cortas en los días de calor extremo: «Tenemos toldos, pero cuando hay 40 grados no son suficientes. Ni los toldos ni el aire acondicionado dan abasto, así que se sufre un poquito». En su caso, el protocolo ante un desfallecimiento por calor pasa por avisar de inmediato a la policía o a la ambulancia mientras se estabiliza al afectado con hielo.
Por su parte, Agustín Torres, otro profesional del sector servicios que trabaja en la calle, explica que la estrategia pasa por reorganizar el reloj para esquivar las horas críticas: «Intentamos empezar a las 07.00 horas, que es la hora en la que hace más fresquito, y estamos hasta las 15.00 horas». Al igual que en otros sectores, la protección diaria es indispensable: "Nos protegemos con gorra, gafas de sol y parones de media hora para hidratarnos bien con agua. Además, la crema solar es obligatoria todos los días».
Les espera a la mayoría de los trabajadores de la isla sangre, sudor y lagrimas para que unos pocos ganen mucho dinero con su sangre, sudor y lagrimas...