La iglesia de Santa Cruz se ha llenado por completo este martes para despedir a mosén Lucas Ramon Torres, Don Lucas, una de las figuras más queridas y respetadas de la Iglesia pitiusa. Familiares, amigos, fieles y representantes de distintas instituciones han querido acompañar en su último adiós a quien durante casi siete décadas dedicó su vida al servicio pastoral en Ibiza y Formentera.
La ceremonia ha estado oficiada por el obispo de Ibiza y Formentera, monseñor Vicent Ribas, acompañado por los párrocos de todas las parroquias de las Pitiusas, en una imagen que reflejaba la relevancia que Don Lucas tuvo dentro de la diócesis y el profundo afecto que despertó entre sus compañeros sacerdotes.
El féretro, situado frente al altar, fue cubierto con sus vestiduras litúrgicas de fiesta y una Biblia, símbolos de una vida consagrada al Evangelio y al sacerdocio. La emoción ha estado presente durante toda la ceremonia, marcada por los recuerdos y el agradecimiento hacia quien fue guía espiritual de varias generaciones de ibicencos y formenterenses.
En su homilía, el obispo destacó las raíces formenterenses de Don Lucas, nacido en Sant Francesc el 6 de diciembre de 1932, y recordó la coincidencia de que su funeral se celebrara exactamente 69 años después de su ordenación sacerdotal, que tuvo lugar el 23 de junio de 1957.
«Nos hemos reunido frente al altar para despedir a nuestro querido Don Lucas con el dolor y la tristeza propios de la separación, pero también con la esperanza firme que nace de la fe en Jesucristo, vencedor frente a la muerte», señaló Vicent Ribas al inicio de su intervención.
El obispo resumió toda la trayectoria sacerdotal de Don Lucas con una expresión tomada de las Escrituras: «La caridad de Cristo nos urge». Según destacó, fueron muchas las personas que experimentaron esa caridad a través de su ministerio, ya fuera «en el altar, en el confesionario o junto a la cama de los enfermos a quienes acompañó con discreción y ternura».
Ribas recordó también la huella que dejó en las distintas comunidades parroquiales por las que pasó a lo largo de su vida. Mencionó especialmente la parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Es Cubells, donde fue el primer párroco, así como Santa Cruz, San Pedro y la Catedral de Ibiza, donde desarrolló buena parte de su labor pastoral.
«Que el presbítero Don Lucas, que tuvo en vida la misión de anunciarnos el Evangelio de Cristo, goce ahora contemplando cara a cara aquella misma Verdad que nos predicó con celo», concluyó el obispo.
La trayectoria de Don Lucas estuvo marcada por una intensa vocación religiosa y por una vida dedicada al servicio de los demás. Natural de Formentera, también ejerció como capellán del hospital Can Misses y desempeñó importantes responsabilidades dentro de la diócesis, entre ellas las de deán del clero de Ibiza y Formentera y presidente del capítulo de canónigos. Su labor fue reconocida por el papa Benedicto XVI con el título de prelado de honor de Su Santidad.
Con su fallecimiento desaparece una de las voces más veteranas y respetadas de la Iglesia de las Pitiusas. La multitud que este martes abarrotó la iglesia de Santa Cruz fue el reflejo de una vida dedicada a la fe, al acompañamiento de los fieles y al servicio de las comunidades de Ibiza y Formentera.