Astrid García lleva cuatro años residiendo en Ibiza. Según explicó, aunque casi todos sus familiares están bien tras los terremotos, han sufrido dos pérdidas importantes. A pesar del dolor, esta venezolana quiso agradecer la ayuda de los miembros de la UME y de otros voluntarios desplazados a su país para colaborar en las labores de rescate.
«Mis compatriotas están trabajando con sus manos. Lamentamos todas las pérdidas porque ha sido una catástrofe muy fuerte, pero estamos unidos y motivados y pensamos que las ayudas están llegando y que siguen rescatando a personas», comentó.
La joven reconoció que sus familiares sienten miedo puesto que, desde el miércoles, se han registrado numerosas réplicas. «La gente está nerviosa y tensa, pero con mucha fe y rezando mucho», insistió.
Astrid lamentó que «no era un secreto para nadie la situación de Venezuela», por lo que la falta de recursos para rescatar a personas bajo los escombros no ha sorprendido.
Douglas Durán, con lágrimas en los ojos, explicó que la incertidumbre, el ansia y la tensión es lo que siente en estos últimos días, más tras conocer que un amigo se encuentra entre las víctimas. «Mi familia cercana está bien, pero me han confirmado que mi mejor amigo ha muerto», señaló.
Este venezolano destacó la solidaridad del pueblo ibicenco, «una isla mágica que nos ha regalado mucho más de lo que pensábamos».
Teresa Lugo, también con las emociones a flor de piel, aseguró que lleva ocho años en Ibiza, un lugar «maravilloso» que en estos difíciles momentos le está dando la energía necesaria para reponerse y continuar. «Muchos familiares están vivos y bien, pero nos acaban de decir que hay tres conocidos bajo los escombros. Todavía no sabemos cuántas víctimas habrá porque es una tragedia muy grande», lamentó.
Aunque el miércoles, de alguna forma, se le paró la vida tras conocer la magnitud de la tragedia, Teresa manifestó que debe seguir adelante y ver cómo se puede ayudar al país. «Va a costar mucho recuperar la normalidad, pero sé que los venezolanos estamos hechos de hierro porque nos han intentado destruir de todas las maneras», afirmó.
«Tenemos cero apoyo de Venezuela. Es algo que no tiene nombre porque, donde está la catástrofe, no dejan pasar para ayudar», advirtió también.
Con dos hijos en Venezuela, además del resto de su familia, el empresario Adrián Soler viajará el 16 de julio a su país, donde permanecerá hasta el próximo 20 de septiembre. Como miembro de la Associació de Voluntaris d'Eivissa, su intención es poder entrar en Venezuela con una carta de la entidad que le permita permanecer y trabajar en las zonas más afectadas. Una vez allí, contará con el apoyo de otros venezolanos para «echar una mano en lo que se pueda porque yo soy técnico industrial y vendrán conmigo cuatro soldadores y estuve también trabajando cuando hubo el terremoto de Ecuador».
«Estos días, cada vez que veo imágenes, pienso en mis hijos y en lo que habrán pasado algunos padres. Vivo llorando estos días», reconoció.