Ibiza es, sin duda, uno de los destinos más inestables e intensos en los que uno puede llegar a vivir. De hecho, en ocasiones, no mucha gente se molestaría en describirlo como poco práctico para quienes deciden convertirlo en un hogar de larga estancia. Así lo plasma Lola Lasry, una creadora de contenido que, tras sufrir un revés habitacional por una incómoda situación de convivencia, se vio en la calle de la noche a la mañana, sin saber dónde quedarse y barajando seriamente la opción de abandonar la isla para regresar a su hogar. Sin embargo, en medio de la incertidumbre, la cara más comunitaria de la isla apareció cuando un amigo le ofreció su velero como vivienda temporal.
Esta vivencia que la llevó de la angustia a despertar flotando frente a la costa, sirve de punto de partida para reflexionar sobre las cinco razones, según la creadora de contenido, por las que vivir en Ibiza no es una opción apta para cualquiera. La primera y más evidente es el caos absoluto para conseguir una vivienda digna; una realidad donde se puede tener trabajo, amigos y solvencia económica, y aun así carecer de un techo. Buscar alquiler en el mercado local se ha convertido, literalmente, en un empleo de tiempo completo, comenta Lasry.
A este obstáculo se suma el elevado coste de la vida. En Ibiza, existir es sumamente caro, desde el coche hasta la comida o el ocio. Esto contrasta con una economía local inestable y estacional, donde las oportunidades laborales fluctúan de una semana a otra y donde, con demasiada frecuencia, se intenta compensar a los profesionales con «visibilidad» o «buena energía» en lugar de salarios acordes al nivel de vida.
La experiencia de residir en las Pitiusas también implica gestionar una energía humana y emocional muy intensa. En este entorno, los vínculos se aceleran y las emociones se amplifican notablemente; los residentes pueden pasar de la euforia absoluta a cuestionarse su propia existencia en apenas veinticuatro horas debido al ritmo frenético de la isla, comenta la creadora de contenido a través de Instagram. Por ello, resulta indispensable construir una disciplina y una estructura propias. La constante oferta de calas, inauguraciones, fiestas y planes de ocio puede acabar devorando el tiempo, la energía y la salud financiera de cualquiera que no sepa fijar límites claros.
El testimonio de la joven concluye recordando que en Ibiza conviven de forma permanente dos realidades completamente opuestas. Por un lado, se encuentra la vertiente del postureo, el estatus, la superficialidad y la necesidad de ser visto; por el otro, emerge la Ibiza del campo, el silencio, las calas recónditas, la naturaleza y la vida lenta. Ambas caras comparten el mismo territorio y, tarde o temprano, cada habitante debe decidir conscientemente cuál de las dos quiere habitar.
Que asco que esto sea noticia!!!