Un vecino de Santa Eulària denunció ayer la desprotección que, según considera, sufren muchas personas con movilidad reducida en su municipio, principalmente a la hora de poder estacionar sus vehículos particulares. De hecho, este ciudadano lamentó gastar al año 380 euros en una plaza de aparcamiento que no puede utilizar.
«Pago por una necesidad, no por un privilegio», manifestó.
El motivo es el incivismo de otros vecinos, explicó también.
Residente en la zona de la Plaza del Cañón, recordó que en su calle existen cuatro plazas destinadas a conductores con el certificado PMR (Personas con Movilidad Reducida). Sin embargo, otros utilizan estas plazas para estacionar sus turismos, ocupando incluso lugares reservados para quienes, como el denunciante, han abonado los 380 euros que dan derecho a tener un estacionamiento fijo.
«Dejan ahí el vehículo 15 días, un mes, el tiempo que sea», explicó. «Convierten un espacio de necesidad médica en su aparcamiento privado de larga estancia. Lo escandaloso es que el infractor exhibe una tarjeta PMR genérica en su salpicadero, utilizándola como un escudo de impunidad para pisotear el derecho específico de otra persona con discapacidad», lamentó también.
Según este vecino, este «abuso» —que suele cometer una misma persona— se repite de forma sistemática desde hace años.
El afectado ha llegado a reunirse hasta en tres ocasiones con la alcaldesa, Carmen Ferrer, aunque «de nada sirven las buenas palabras en los despachos si luego la realidad en la calle sigue exactamente igual».
El vecino criticó la «pasividad» institucional y la falta de respuestas, según él, por parte de la Policía Local.
«Si el Ayuntamiento de Santa Eulària tiene la capacidad ejecutiva para cobrar una tasa tan elevada, debe tener la decencia moral y legal de garantizar el servicio por el que cobra. No reclamo caridad; exijo el cumplimiento de la ley y el respeto a la dignidad que ya he pagado», manifestó.
El vecino aseguró que un vehículo, según la normativa, no debe permanecer estacionado en el mismo lugar durante más de diez días, algo que no cumplen muchos residentes.
«Una vez intenté hablar con el hombre que aparca en mi plaza y no me hizo caso. No estamos en una jungla y debemos ser civilizados. Hay otros vecinos afectados», lamentó.
Desde el Ayuntamiento aseguraron ser conocedores de la situación expuesta y señalaron que, además de las reuniones mantenidas, cuando se han producido estas situaciones y se ha requerido la presencia de la Policía Local, efectivos del cuerpo se han personado en el lugar y han actuado en consecuencia.
El Consistorio quiso pedir «civismo y respeto» hacia este tipo de plazas reservadas y recordó que estas responden a una necesidad real de muchas personas y que su uso indebido supone una importante afectación para ciudadanos que dependen de ellas en su día a día.
Otro incauto que cae en la trampa de la Alcaldesa. Otro más. Va al nido de la viuda negra. Termina enrollado en su hilo de seda de agasajos, promesas y acuerdos, terminando devorado por el tiempo al constatar la falta de cumplimento de lo que se fraguó en el nido, y la inmovilidad que le producen los dulces hilos de seda de acuerdos y promesas. Sin saber saber ya donde dirigir sus pasos.